martes, 2 de noviembre de 2010

La hora de la verdad

Está claro que algo cambió sobre el césped de Mestalla. Si bien, la situación del Real Zaragoza sigue siendo extremadamente preocupante -es colista, con 4 puntos de 27 posibles, y es el único equipo de Primera División que todavía no ha ganado- por primera vez, ante el Valencia, el conjunto aragonés compitió, generó ocasiones de gol, anuló la capacidad ofensiva de su rival e hizo méritos para ganar el partido. La falta de puntería (una vez más) y la desastrosa actuación del árbitro impidieron al Real Zaragoza sumar tres puntos que necesitaba y que sigue necesitando, con más urgencia si cabe.

Pero todas esas buenas sensaciones deben estar acompañadas de resultados. Si no, el Real Zaragoza retrocederá sobre sus propios pasos y volverá a caerse al pozo, lo que supondría un golpe de terribles consecuencias, entre ellas, la condena definitiva del entrenador, José Aurelio Gay. Y el momento de demostrar que este equipo puede renacer de sus cenizas es ahora. La primera victoria no puede tardar más en llegar. Ahora o nunca, el Real Zaragoza debe demostrar que los motivos para creer en su remontada son reales y consistentes, no sólo un espejismo.

Con el nuevo sistema de cinco defensas, el Real Zaragoza se siente más cómodo. Se tapan las muchas carencias del equipo y resaltan sus pocas virtudes. No sólo defiende mejor, sino que además, maneja la pelota con más intención –dentro de la limitada calidad del centro del campo- y llega al ataque con más peligro. La falta de un delantero de referencia complica mucho el éxito del conjunto aragonés, pero al menos, ahora, existe algo a lo que el Real Zaragoza se puede agarrar para comenzar su escalada.

Uno de los jugadores más beneficiados por este nuevo sistema es Ángel Lafita. Cuando actúa como segundo punta, el juego del canterano del Real Zaragoza recupera sus sentido y la alegría. Su labor de enganche entre el centro del campo y el delantero fue excepcional en Mestalla. El siguiente paso es dar continuidad a este rendimiento y adquirir responsabilidad goleadora. Un duro camino para Lafita, que si logra recorrerlo con éxito, puede convertirse en uno de los pilares fundamentales del equipo.

martes, 19 de octubre de 2010

Tres tristes puntos

El Real Zaragoza tiene un pie en Segunda División. Sin paños calientes, para que no haya dudas. Los siete primeros partidos de la temporada han sido suficientes para dejar en evidencia al equipo aragonés y para demostrar que la plantilla de jugadores que diseñaron Agapito Iglesias, Antonio Prieto y Pedro Herrera, no está capacitada para competir en Primera División. Siete jornadas sin ganar, 3 puntos de 21 posibles, y lo que es peor, el Real Zaragoza ofrece una imagen de equipo vencido, hundido, sin recursos, ni capacidad de mejora. Durante los partidos, este Real Zaragoza sólo puede aspirar a mantener el empate a cero durante el mayor número de minutos posible -normalmente, no supera el primer cuarto de hora sin recibir ningún gol-, y esperar algún acierto de cara a la portería contraria, que sólo llega cuando el encuentro está sentenciado, y el rival, casi camino de las duchas. Eso no es competir, es arrastrarse por los campos de fútbol y hacer el ridículo, semana tras semana. La sensación de inferioridad del Real Zaragoza es atroz.

Y la próxima jornada llega el F. C. Barcelona. Un equipo que parece de otro planeta, aunque más irregular que en épocas anteriores. Dominador absoluto de la pelota, pero en ocasiones, se atasca a la hora de encontrar el camino del gol, cuando se enfrenta a una defensa sobresaturada, intensa y bien colocada, lo que ya le ha costado algún punto en este arranque liguero. Pero sin duda, es un equipo que puede destrozar a su rival en apenas unos minutos. Las opciones del Real Zaragoza de lograr algo positivo pasarán por repetir, con precisión matemática, lo que han sido capaces de lograr otros equipos esta campaña, como el Mallorca o el Hércules. Defender juntos, máxima concentración, solidaridad en el trabajo y no cometer errores. Tratar de agotar la paciencia del Barcelona y provocar algún contraataque peligroso. Está por ver que el Real Zaragoza sea capaz de jugar durante 90 minutos con el alto nivel competitivo que exige el Barcelona. Lo que está claro, es que si el equipo aragonés no cambia su versión, puede salir goleado de La Romareda, lo que en el fondo, y lamentablemente, no sería más que un doloroso episodio más en esta tediosa travesía en el desierto, en la que se ha convertido la Liga. La situación del club aragonés es tan desoladora que sólo un milagro puede cambiarla. Un milagro, como que el próximo sábado, el Real Zaragoza sea capaz de puntuar contra el actual campeón de Liga y uno de los mejores equipos de la historia moderna del fútbol, el Barcelona. ¿Usted cree en los milagros?

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Se puede ganar sin delanteros?

Una vez disputadas las primeras jornadas de Liga, cunde el desánimo en el entorno del Real Zaragoza y en el propio equipo, aunque se intente disimular. Y no es para menos. A pesar de que el campeonato sólo acaba de comenzar, todas las señales apuntan a Segunda División. Y lo más preocupante no es que el Real Zaragoza todavía no haya ganado ningún partido, ni que sólo haya conseguido batir la portería rival en un encuentro, cuando perdía por 0-5, por cierto. Lo más grave es que, jornada tras jornada, observamos como los futbolistas dan todo lo que tienen sobre el césped y nunca es suficiente. No hay más. La capacidad de mejora del equipo es mínima, porque el problema del Real Zaragoza no es el bajo rendimiento de sus jugadores, sino la falta de potencial de una plantilla que no está capacitada, hoy por hoy, para competir en Primera División. El único recurso del equipo durante los partidos es tratar de aguantar el empate a cero durante el mayor número de minutos posible y confiar en que sus delanteros, los más ineficaces de la Liga, sí que acierten esta vez.

Aún así, haríamos mal en culpar a Marco Pérez o a Sinama Pongolle de la inoperancia del Real Zaragoza en ataque. Fueron los máximos responsables del club los que decidieron que estos futbolistas estaban capacitados para jugar en el Real Zaragoza, los que diseñaron de forma deficiente la plantilla, y los que han hipotecado, con sus torpes decisiones, el futuro deportivo y económico del Real Zaragoza. Al fin y al cabo, nadie puede poner en entredicho el esfuerzo de los futbolistas del equipo aragonés. No es un problema de falta de sacrificio físico ni de implicación, sino de aptitud. Lo que ocurre es que el Real Zaragoza posee un nivel que no está a la altura de la Liga española. Marco Pérez es un futbolista muy joven, inexperto, que se estrena en el fútbol europeo, y cuyo rol en una plantilla de Primera División bien planificada debería ser prácticamente intrascendente.

Una cosa es apostar por un jugador desconocido, que suponga un gasto mínimo para el club, para ir introduciéndolo, de forma gradual y responsable, en el fútbol de máximo nivel, y otra cosa es que la descerebrada planificación deportiva dé como resultado una plantilla tan limitada, que Marco Pérez acabe siendo el delantero titular del Real Zaragoza en el Vicente Calderón. Es de locos. Y en cuanto a Sinama Pongolle, sólo hace falta comprobar su nulo rendimiento durante las dos últimas temporadas, tanto en el Atlético de Madrid como en el Sporting de Portugal, algo que ya se sabía cuando el Director Deportivo, Antonio Prieto, cerró su contratación. Luego, no debería sorprendernos que el Real Zaragoza produzca risa -literalmente- cuando intenta finalizar una jugada de gol. El verdadero problema es la terrible gestión deportiva y económica del club, que han convertido al Real Zaragoza en un vagabundo de Primera División, incapaz de competir con dignidad, ni en el terreno de juego, ni en el mercado.

martes, 7 de septiembre de 2010

La carrera ha comenzado

El estreno del Real Zaragoza en la Liga ha venido inevitablemente marcado por el descontento general que ha causado en los aficionados la mala gestión económica y deportiva del club, pero que afortunadamente, no ha liquidado, todavía, las ganas de la gente de luchar junto a su equipo. Porque a pesar de que en los últimos años, el Real Zaragoza se ha convertido en una institución menor en el panorama deportivo de nuestro país y en un equipo abocado a luchar permanente en el barro, la afición sabe diferenciar, a la hora de pedir responsabilidades, entre los que ven el partido sentados en el palco y los que sudan sobre el césped. Y allí, en el campo de batalla, sí que va a encontrar compromiso y trabajo. Una plantilla de jugadores corta y con muchas carencias, pero entregada, bien dirigida y que ha asumido perfectamente la idea del cuerpo técnico. Solidaridad, concentración y trabajo en equipo. Es la única forma de que este Real Zaragoza, escaso de talento pero sobrado de fuerza y disciplina, salga airoso de la cruel guerra por la permanencia. Y eso, gracias a los técnicos, encabezados por Gay y Nayim, que como recuperados de un pasado glorioso que ya huele a naftalina, han tomado las riendas del equipo para ayudarle a sobrevivir, a pesar de las muchas dificultades que se van a encontrar, por culpa, otra vez, de una planificación deportiva deficiente. Tras otro verano plagado de negociaciones fallidas, errores torpemente justificados e ilusiones rotas, la credibilidad y la imagen de los que toman las decisiones se desgastan, cada vez más y sin remedio.

Si usted se pregunta quién va a marcar los goles en el Real Zaragoza, o está preocupado por cómo rendirá la defensa cuando algún contratiempo saque del equipo a alguno de los cuatro zagueros titulares, e incluso siente cierta resignación porque no ve en la plantilla a ningún jugador capaz de crear ese fútbol de toque que tanto le gusta, tiene toda la razón. Porque la realidad es la que es, y ni las excusas ni las medias verdades pueden cambiarla. Pero aún así, amigo mío, sólo tiene dos opciones. O abandona el barco y se desentiende del fútbol y del Real Zaragoza (algo que su corazón no le va a permitir), o trata de hacer un ejercicio de optimismo y de auto convencimiento, aunque sólo sea para compensar la mala leche que se le pone cada vez que se gira al palco antes de los partidos. Mire al frente, al césped. Seguramente, en ese momento, el equipo estará calentando. Sonará la atronadora música procedente de la megafonía del estadio, notará el olor a hierba húmeda, mezclado con el humo del puro de su vecino de butaca. Es tarde de fútbol. Echará un vistazo a los jugadores rivales. "Pues tampoco son gran cosa", pensará en la mayoría de los casos. Y nosotros tenemos el talento de Ander, la chispa de Bertolo, el sacrificio de Gabi, la seguridad defensiva de Contini y Jarosik y sobre todo, unos técnicos capaces de instruir a su equipo para sobrevivir en la trinchera, y de luchar hasta el agotamiento para recuperar la dignidad de una camiseta que sienten como suya, porque lo es. Ellos, junto a la afición, verdadero y casi único patrimonio del Real Zaragoza, deben mirar hacia adelante, y enfrentarse a los errores de los que con su gestión, están desintegrando el espíritu del Real Zaragoza. Así de injusto, pero es el único camino. El de superar esta temporada, y la siguiente, y la de después... Una detrás de otra, siempre en Primera División, hasta que quizá, algún día, el tiempo le conceda al Real Zaragoza, a lo que antes era una institución grande, seria y respetada, la oportunidad de renacer de sus cenizas.

viernes, 16 de julio de 2010

¿Dónde estabas tú?

11 de julio de 2010. Nunca olvidaremos dónde vivimos la final del Mundial, ni con quién compartimos la alegría más grande de la historia del Deporte español, cuando Iker Casillas levantó la dorada Copa del Mundo al cielo de Johannesburgo. Quién fue el que más gritó con el gol de Iniesta, el que nos dio el primer abrazo, al que se le escaparon las lágrimas, o al que, con la cabeza entre las manos y los ojos como platos, no paraba de repetir, en voz baja, “somos campeones del Mundo”, en un ejercicio de auto convencimiento. A qué ser querido llamamos nada más terminar el partido, y quién nos envió el primer mensaje. Con los grandes éxitos, es inevitable mirar al pasado. Y con el recuerdo, llega la nostalgia. Y nos acordamos también de los que echamos de menos esa noche, de los que se fueron sin vivir un éxito tan bonito, tras décadas y décadas de sufrir con su equipo, con el equipo de todos. Y también de los amigos con los que compartimos decepciones años atrás. En mi caso, del puñado de compañeros de profesión que continúan trabajando en Madrid, y que muchos de ellos, me cuentan cómo tuvieron la suerte de vivir aquella mágica noche en Sudáfrica.

Siempre recordaremos esa sensación de caminar dos palmos por encima del suelo, flotando, como en los sueños. La inexplicable impresión de que los problemas desaparecen, de que las preocupaciones se esfuman. Sabíamos que mañana volverían, pero no importaba. Es un fenómeno irracional, inexplicable, pero es así. El ser humano es así. Y el fútbol, también. No hay nada, ninguna otra cosa en este mundo, cada vez más vacío, individualista y desarraigado, que pueda unir a tantas personas como lo hizo la selección española campeona del Mundo. Dejando a un lado a la minoría obsesionada por crispar al personal (tanto a los intransigentes de la bandera como a los que aprovechan los éxitos deportivos para ensalzar su nacionalismo rancio y trasnochado), millones y millones de personas salimos a la calle por la misma razón. Y esta vez, por un motivo feliz, de celebración.

La España campeona del Mundo no sólo pasará a la historia del fútbol por su victoria en la final ante Holanda, sino por su estilo, su esencia. Su carácter ganador, sólo concebido en el camino del juego ofensivo, de combinación, limpio, sincero. Capaz de levantarse una y otra vez, y de hacer frente, en la primera final de un Mundial de su historia, a un rival que encontró en la violencia la única forma de defenderse. Fútbol y sólo fútbol. Así ganamos la Copa del Mundo, y así lo contaremos año tras año, generación tras generación. La Brasil del 70, la ‘naranja mecánica’ de Cruyff, la Alemania de Beckembauer o la Argentina del 86, ya tienen a un nuevo compañero en la vitrina del mejor fútbol del mundo. Un éxito reconocido por todo el planeta y que nunca morirá.

También es el éxito de la humildad, del trabajo y de la discreción. De don Vicente del Bosque, entrenador. Nunca cedió a las presiones de los sabelotodos del fútbol, cuando la selección española perdió el primer partido del Mundial. Mantuvo su estilo de juego y la confianza en los jugadores directamente señalados como responsables de la derrota. Sus decisiones desde el banquillo, firmes y con la clarividencia que tienen los genios, llevaron a España a lograr el éxito más grande su historia. Y cuando eso ocurrió, don Vicente del Bosque no utilizó su triunfo para arrojárselo a los que no creyeron en él, o a los que pusieron en tela de juicio sus decisiones y sus aptitudes como técnico. Sin ningún resentimiento, sin cuentas que ajustar. Convirtió su éxito en la victoria de todos, sin excepción. Eso es carácter.

Los brazos al cielo de Iniesta, el cabezazo imperial de Puyol contra Alemania, los golazos del ‘Guaje’, la traición de Holanda a su propia historia, el sueño roto de Maradona, los misiles teledirigidos del charrúa Forlán, las lágrimas de Ghana, la muerte del “jogo bonito”, el gol fantasma de Inglaterra, el fracaso de Italia o la vergüenza de Francia. El Soccer City de Johannesburgo, Nelson Mandela, el ‘waka waka’ de Shakira, las ruidosas vuvuzelas, el beso de Casillas a su novia periodista en plena entrevista, o el hermano tarado de los balones de fútbol al que llamaron ‘Jabulani’. Son ya imágenes y símbolos del Mundial de 2010, de nuestro Mundial, del de la estrella dorada en el escudo de España. ¿Dónde estabas tú?

domingo, 27 de junio de 2010

Días de vuvuzelas

A pocos días de las vacaciones, noto como en la ciudad, se van quemando las ganas de hablar sobre el Real Zaragoza. Y no sólo porque la ausencia de movimientos del club aragonés en el mercado de fichajes haya convertido la actualidad informativa en un páramo, sino porque ahora, apetece disfrutar del fútbol. Fútbol y nada más. Bueno, con vuvuzelas, qué le vamos a hacer. Por unos días, evitamos pensar en el porterazo que se nos ha escapado rumbo a Portugal, en las renovaciones que no llegan, o en los precios de los abonos que no suben, pero que cuestan más que el año pasado, en plena crisis y con la que está cayendo. En los abucheos que recibió el máximo accionista, Agapito Iglesias, en el programa de radio más escuchado de nuestro país, justo antes de levantarle la voz a uno de los símbolos del zaragocismo, como es Andoni Cedrún, y de volver a dejar en evidencia la imagen del Real Zaragoza. Hoy, nos dan igual el “rojillo” Porquera o que Prieto pinte menos que La Veneno en un convento.

Desde ahora, y durante los próximos días, preferimos centrarnos en la selección española. Regodearnos en el “tiqui taca” que bautizó el maestro Montes y que Luis Aragonés convirtió en leyenda. Dentro de unos días, España puede continuar su camino hacia el sueño de la Copa del Mundo, o haber vuelto para casa. En cualquier caso, disfrutaremos de la pasión del fútbol, del placer de luchar por un objetivo grande, histórico, y de hacerlo con una apuesta por el fútbol ofensivo, con jugadores capaces de convertir en arte lo que tocan y que visten la camiseta de nuestro equipo. Esos futbolistas que nos hacen sentir orgullosos y que pusieron Europa a nuestros pies.

El Mundial de fútbol es lo más grande para los que disfrutamos con este deporte, y no sólo por las esperanzas que tenemos depositadas en nuestra selección. Empieza la parte más bonita del campeonato. La especulación y el fútbol mediocre de la fase de grupos dejarán paso a la emoción del todo o nada. La ilusión de dos países, frente a frente, durante noventa minutos. Por un buen rato, el fútbol se colocará por encima de las miserias que nos acechan cada día. Durante esos minutos, las personas se sienten libres y mandan sus preocupaciones a ese limbo en el que lo único que importa es controlar el indomable Jabulani, y donde se acumulan los motivos para disfrutar de este espectáculo que mueve y une a millones de personas. El “jogo boniten” de Alemania, el ímpetu de México, el orgullo charrúa, las locuras del Diego, la ilusión de los yanquis, las cuentas de Capello, la fuerza de Ghana, la alegría de Brasil, el tulipán mecánico, el “fuerza Chile", la explosión asiática, el batacazo azzurro, o la revolución francesa. En Zaragoza, las cosas pintan feas. Disfrutemos del fútbol, aunque sea por unos días.

viernes, 4 de junio de 2010

Prieto, el chaleco antibalas

El máximo accionista del Real Zaragoza, Agapito Iglesias, no sólo ratificaba a Antonio Prieto como director deportivo del club, sino que además, según el anuncio oficial, pasa a ser “el máximo responsable del área deportiva del Real Zaragoza”. De esta forma, Prieto se convierte en el chaleco antibalas de Agapito Iglesias. Será el que ejerza de portavoz y el que se lleve los mamporros si las cosas salen mal. Se acabó esa frase recurrente de “yo fiché a Fulanito y el otro trajo a Menganito”, que tanto hemos escuchado cuando la presencia de Poschner tenía al club partido por la mitad. Ahora, ya hay un responsable claro y único que tendrá que dar las explicaciones de las decisiones que tome el Real Zaragoza, y al que la afición de La Romareda se podrá dirigir si se repiten errores tan graves como la irresponsable planificación deportiva del verano pasado, que casi acaba con el equipo en Segunda División, y en la que ya participó (se supone) Antonio Prieto como secretario técnico adjunto.

Esta medida forma parte de la teórica distribución de tareas que Agapito Iglesias está llevando a cabo dentro del club, y que en la práctica, es más figurativa que real. En el escuálido organigrama directivo del Real Zaragoza, el máximo accionista y presidente toma todas las decisiones. Nadie se cree que el director deportivo, se llame como se llame, vaya a tener una independencia absoluta, y que su criterio en materia deportiva vaya a estar por encima del máximo accionista. Lógicamente, Prieto asesorará al presidente en las decisiones que afecten a la planificación deportiva, pero al final, tendrá que ejecutar lo que decida Agapito Iglesias, esté o no de acuerdo. La primera prueba de ello, es la renovación del cuerpo técnico. La decisión ha llegado después de unas intolerables semanas de incertidumbre, que han puesto a prueba la paciencia de Gay y de Nayim, dos de las personas que han escrito con sus manos alguno de los episodios más brillantes de la historia del Real Zaragoza, y que merecen un trato más respetuoso.

Así son las reglas del juego en este club. Antonio Prieto las ha aceptado, y ahora, será el que tendrá que responder ante la afición del Real Zaragoza y los medios de comunicación. De cara al exterior, será el responsable del éxito o del fracaso de la planificación deportiva para la próxima temporada, independientemente de cuál haya sido su participación directa en determinadas decisiones, y de su grado de acuerdo con Agapito Iglesias. Una figura de escudo antimisiles que tantos y tantos dueños de clubes de fútbol utilizan para reducir los impactos sobre su persona, y que en el Real Zaragoza, tendrá el nombre de Antonio Prieto. Siempre, y mientras Agapito Iglesias sea el máximo accionista del club, él será el primer y máximo responsable de todos los movimientos que realice la entidad, sean de la naturaleza que sean, o afecten al área que afecten, incluida la deportiva. Según se vaya desarrollando la temporada, es posible que la situación de Prieto no sea fácil ni cómoda. A lo largo del ejercicio, pueden surgir disputas en las oficinas del club, como ya ocurrió la pasada temporada. La única forma de suavizar estos posibles desacuerdos, es que las cosas funcionen. En fútbol, los buenos resultados son la mejor medicina preventiva. Ojalá, Agapito Iglesias acierte con los fichajes.