martes, 1 de diciembre de 2009

De oca a oca, y palmo porque me toca

Después de la decepcionante derrota del Real Zaragoza contra Osasuna en la Romareda, se acercan dos partidos muy importantes, cuyas consecuencias, en caso de producirse resultados negativos, pueden ser mucho más trascendentes que los seis puntos que habrá en juego. El equipo aragonés, perdido y desorientado en un laberinto del que parece no poder salir, visitará el campo del Mallorca, y después, recibirá al Athletic. Son dos equipos que, para algunos, no están por encima del Real Zaragoza en cuanto a calidad ni a potencial, pero que mire usted por dónde, el primero se encuentra en puestos europeos, y el segundo, el Athletic, ya le saca ocho puntos de ventaja al conjunto aragonés. Son equipos que, con lo que tienen, funcionan. Mucho más de lo que se puede decir de Marcelino y los suyos.

Con la estadística en la mano, el Real Zaragoza lo tiene crudo. Nadie ha ganado en el Ono Estadi. El equipo mallorquín suma seis victorias en Liga y otra en Copa. Ojo, diecisiete goles a favor y sólo ¡dos en contra! Vamos, que teniendo en cuenta la marcha del conjunto aragonés lejos de La Romareda, cualquiera apostaría por un 1 fijo en la quiniela. Claro que el Real Zaragoza puede puntuar en Mallorca, e incluso ganar, pero a los jugadores les toca luchar contra todos los elementos para evitar un mal resultado, que siendo realistas, no haría sino reafirmar la caída del equipo.

¿El Real Zaragoza está capacitado para romper su mala trayectoria en uno de los campos más complicados de Primera División? Más le vale. Tiene que sumar cuatro puntos en los próximos dos partidos, y además, demostrar que tiene fuerza y corazón para superar esta situación. Si no, la riada puede llevarse a más de uno por delante. En el fútbol, todos sabemos cómo empiezan las tormentas, pero nadie puede predecir cómo terminarán, ni cuales serán sus consecuencias.

“No pasa nada, todavía estamos lejos del descenso y hay equipos muy malos. El Real Zaragoza no tendrá problemas para mantenerse”. ¿Les suena? Sí, muchos pensamos lo mismo hace dos temporadas. Con una diferencia sustancial. Entonces, en el Real Zaragoza jugaban Diego Milito, Oliveira y Sergio García, y ni ellos pudieron evitar el descenso. Por el bien del club aragonés, ojalá que éste no sea su mayor argumento. “Hay varios equipos peores”. Error. Eso se demuestra en el campo. La autocomplacencia es un analgésico que calma el dolor y la preocupación, pero que no soluciona los problemas.

martes, 24 de noviembre de 2009

La trilogía del mal fútbol

El Real Zaragoza ha sido incapaz de marcar un gol más que el Málaga, colista de Primera División y el peor equipo de la categoría, en más de 270 minutos de juego. Tres partidos en los que el equipo aragonés ha quedado eliminado de la Copa y ha vuelto a demostrar sus carencias, que son todavía más grandes fuera de casa. El Real Zaragoza y el Málaga han protagonizado una tediosa trilogía, cuyo parecido con lo que la mayoría entendemos por fútbol, es mera coincidencia. Vamos, que si los partidos se hubieran proyectado en una sala de cine, los asistentes hubieran exigido, y con razón, que les devolvieran su dinero. ¡Qué desastre!

El partido del pasado domingo, el último de la saga, fue, seguramente, uno de los peores que se podrán ver esta temporada en Primera División. La única forma que encontró el Málaga de revolucionar el encuentro fue dar puñetazos y escupir a sus rivales. Por cierto, ojalá la Liga tuviera valor para intervenir de oficio y sancionar duramente a cualquier jugador que escupe a otro en la cara. A los dirigentes del fútbol se les llena la boca cuando hablan del “fair play” y de los valores del deporte, y luego no se atreven a sancionar comportamientos tan censurables como el que tuvo Apoño en la Rosaleda.

El caso es que el Real Zaragoza está agotando la fe de sus aficionados. Y es que, a estas alturas, todos entendamos y hemos asumido que la plantilla del conjunto aragonés es muy limitada y que sólo puede aspirar a luchar por mantener la categoría. Pero la imagen que ha mostrado en los partidos contra el Málaga ha estado muy alejada de la exigencia que debería tener cualquier equipo de fútbol. Y las explicaciones del entrenador sobre el lo determinante que ha podido resultar el mal estado del terreno de juego o la influencia de la suerte, tienen poco peso. Claro que el campo era un patatal, pero el mal juego del Real Zaragoza es una constante en casi todos los partidos de esta temporada, más allá de la calidad del césped. Y en cuanto a la suerte… en Málaga también se lamentan por el presunto penalti que el árbitro señaló sobre Lafita. Cada uno ve las cosas a su manera, pero en cualquier caso, no son argumentos lo suficientemente contundentes como para explicar la pobre imagen del equipo.

Así las cosas, el partido del próximo domingo contra Osasuna se antoja fundamental para dar un golpe de autoridad en casa. Se verán las caras dos equipos empatados a todo: a puntos, a victorias, a derrotas e incluso a bajas. Una oportunidad perfecta para quitarse de en medio, aunque sea de forma temporal, a un rival directo. Y tratándose de Osasuna, con más razón todavía, por aquello de la rivalidad. Se están escapando muchos puntos ante equipos de la zona baja de la clasificación y el Real Zaragoza necesita hacer granero. La Liga es muy larga, y en la segunda vuelta, todos los grandes tienen que pasar por La Romareda. Es ahora cuando el equipo aragonés debe tejer la red que le permita salvar la vida, en caso de caída.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Se acaban las balas

Pronto le llegan las urgencias al Real Zaragoza y a su entrenador, Marcelino García. Después de la eliminación de la Copa del Rey, el Málaga, colista de Primera División, volverá a medir el nivel del equipo. Y dependiendo de lo que suceda en La Rosaleda, la visita de Osasuna de la semana siguiente puede convertirse en un partido a vida o muerte para cuerpo técnico.

Después de diez jornadas, el Real Zaragoza no ofrece buenas sensaciones. Ha dejado escapar muchos puntos contra rivales directos y ha recibido goleadas, que a pesar de ser contra quipos grandes, han golpeado con fuerza la moral de la afición. Además, la eliminación copera, al margen de que este torneo no fuera una prioridad tal y como están las cosas, también resultó dolorosa, porque el equipo aragonés fue incapaz de ganar al último clasificado, aunque fuera en alguno de los dos partidos.

Sin embargo, uno observa los números de este primer tramo de la temporada y son consecuentes con las posibilidades reales del equipo y con las carencias que arrastra la plantilla desde que comenzó la campaña. El Real Zaragoza tiene a siete equipos por debajo, está cuatro puntos por encima del descenso y tiene a un partido de distancia a la mayoría de rivales directos. ¿A alguien le extraña que sea el segundo equipo más goleado de la categoría con la defensa que tiene? Veintiún goles en contra en diez partidos son demasiados, pero es lógico. La defensa del Real Zaragoza no tiene lateral derecho, sus centrales titulares están entre los más lentos de Primera y el único lateral izquierdo es un futbolista que no cuenta con la confianza del entrenador. En fin, nada nuevo.

Y es que, por desgracia, la Liga comienza y en ocasiones, nos olvidamos de lo que se ha hecho mal durante el verano. Todas las miradas se dirigen al entrenador, que durante la competición, es el máximo responsable del rendimiento del equipo. No digo que Marcelino no se haya equivocado. Lógicamente, tiene que responder por los resultados. Por eso le pagan, entre otras cosas. Pero, ¿el Real Zaragoza tiene equipo para hacer algo más? Cada domingo, comprobamos que no. ¿Con otro entrenador jugaría mejor? No lo podemos saber, pero da la impresión de que las carencias de la plantilla están por encima de las virtudes de cualquier técnico. La gestión del club dio como fruto una plantilla justa, descompensada y con poca calidad. Por lo que hemos visto hasta ahora, el Real Zaragoza sólo está capacitado para correr, luchar y ganar, con dificultades, a alguno de sus rivales directos. Y difícilmente saldrá de esta dinámica. Olvídense, no hay para más. Y conviene que lo recordemos de cara a los próximos partidos. Esta temporada requiere paciencia, resignación y tener los pies en el suelo. Qué le vamos a hacer.

martes, 20 de octubre de 2009

Cuestión de actitud

Los que en alguna u otra ocasión hemos defendido que Ewerthon debería jugar más minutos en este Real Zaragoza, no podemos evitar sentirnos decepcionados después del partido contra el Racing. No es que ya no pensemos que el delantero brasileño tiene más gol que los otros atacantes del equipo, porque lo seguimos creyendo, pero hay algo más importante: el compromiso y el trabajo. Los goles de Ewerthon pueden ser importantes para el equipo, pero si el brasileño sale al campo a pasar la tarde en vez de a competir, no servirá para el Real Zaragoza, como no serviría para ningún equipo de Primera División.

Y es que el partido cambió radicalmente cuando Ewerthon entró al terreno de juego el pasado domingo. El trabajo defensivo del Real Zaragoza comienza por la presión de sus delanteros y si hay un solo jugador que no mantiene esa disciplina táctica, el equipo se descompone. Aquí no basta con hacer tres o cuatro desmarques y tirar un par de veces a puerta. La posición de delantero en este equipo, tal y como la concibe Marcelino, requiere mucho desgaste físico y una gran capacidad de sacrificio, un trabajo que hasta ahora, Arizmendi ha hecho como nadie. Tampoco sería justo señalar a Ewerthon como único culpable de la remontada del Racing, pero más allá del resultado, lo que se vio sobre el terreno de juego fue a un futbolista desconcentrado, poco solidario y nada implicado en el juego del equipo.

La situación de Ewerthon en el Real Zaragoza es complicada. Sabe que su entrenador no confía en él, que el club le quiere fuera y que su trayectoria en el conjunto aragonés se acabará esta temporada, veremos si en diciembre o en junio. Así las cosas, para que la relación entre el brasileño y el Real Zaragoza no termine siendo insostenible, Ewerthon tiene que cambiar el chip y realizar un ejercicio de profesionalidad. Y no sólo para aportar cosas positivas al club que le paga, sino también por su propio interés, ya que su rendimiento esta temporada determinará la calidad de las ofertas que recibirá de cara al año que viene. Lo que está claro es que si su actitud y su compromiso no varían de lo visto el pasado domingo en La Romareda, las voces que defienden a Ewerthon se irán apagando, como se apagó el Real Zaragoza en el último tramo del partido.

jueves, 8 de octubre de 2009

Falta pegada

Vaya por delante que esta reflexión no pretende ser una crítica a Javier Arizmendi, en estos momentos, delantero titular del Real Zaragoza. El tío se deja la piel y aporta muchas cosas al equipo, sobre todo trabajo y sacrificio, algo muy valorado por su entrenador. Desde la derrota ante el Valladolid, el conjunto aragonés ha jugado buenos partidos y Arizmendi ha contribuido a ello. Pero falta gol. Y en Primera División, afrontar los encuentros con una delantera inefectiva de cara a portería es conceder demasiada ventaja al rival.

Que conste también, que la desconfianza que ha generado Ewerthon en el cuerpo técnico y en el club es comprensible. Al fin y al cabo, el brasileño llegó con una oferta para abandonar al equipo y transmitió al Real Zaragoza su intención de marcharse, una operación que tanto el club como el entrenador consideraban interesante, por las posibilidades en el mercado que podía abrir la venta del futbolista. Su marcha atrás influyó negativamente en la configuración de la plantilla y trastocó los planes del equipo, aunque el jugador también tiene su versión de por qué se replanteó abandonar el club a última hora.

El caso es que a día de hoy, con Uche lesionado para toda la temporada y con el perfil de delanteros que hay en la plantilla, la titularidad de Ewerthon se convierte en una necesidad. No sólo porque marcó 28 tantos la pasada temporada, sino porque este año sólo ha necesitado un puñado de minutos para dar una asistencia y para marcar un gol. Puede que no sea el delantero de referencia perfecto para un equipo de Primera División, pero sí que es el único que tiene gol en sus botas. Una cualidad muy preciada, a pesar de que Ewerthon deje mucho que desear en otras facetas del juego. Cuando el brasileño coge el balón, el rival sabe que puede acabar en la red, y ese peligro constante es una gran baza para el Real Zaragoza. Y si el club o el entrenador no quieren contar con el brasileño, que fichen a otro y que demuestre que es capaz de marcar más goles que él. Hasta que ésto suceda (veremos si el club se lanza al mercado para sustituir la ficha de Uche), el gol en este equipo tiene nombre brasileño. ¿Se merece Arizmendi quedarse en el banquillo? De ninguna manera. Puede ser un excelente segundo punta, aunque eso es cosa de Marcelino.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Cuando la necesidad ahoga

Podríamos ampararnos en la mala suerte y zanjar el asunto. La fortuna le ha dado la espalda al Real Zaragoza y la lesión para toda la temporada de Uche le ha dejado sin delanteros, pobrecito. Para pobre, el jugador nigeriano, que tiene por delante cerca de ocho meses infernales hasta que vuelva a sentirse futbolista. Pero el Real Zaragoza no es ninguna víctima. Su delicada situación actual es fruto de una plantilla corta y descompensada que la dirección deportiva no reforzó lo suficiente durante el pasado verano. El entrenador se cansó de decir que necesitaba un delantero y rogaba al cielo para que el equipo no sufriera ninguna lesión importante. Pues ya ves.

Esto es fútbol. La suerte le llega, normalmente, al que la busca y la merece, y a pesar de que la lesión de rodilla de Uche es una desgracia, sus consecuencias, el grado de perjuicio que va a tener para el equipo, podría haberse paliado, en buena medida, con una planificación deportiva más ajustada a las necesidades de la plantilla. Al final, no llegó el delantero de referencia y el equipo lo necesitaba. El 31 de agosto, el Real Zaragoza se quedó con cinco segundos puntas, uno de ellos lesionado (Braulio), otro, contemplando su futuro lejos de La Romareda (Ewerthon) y otro, con su fichaje en los despachos (Lafita). Y el más importante, la baza personal de Marcelino y el que contaba con toda su confianza, Uche, ya no está. Ahora, habrá que rebuscar el mercado en busca de segundas opciones y de jugadores descartados por otros equipos. Más difícil todavía.

Pero aquí no queda la cosa, porque también deberían haber llegado un central y un lateral. Y en la tercera jornada de Liga, las vergüenzas del Real Zaragoza ya se han quedado al aire. Con la lesión muscular de Pablo Amo, Pavón y Ayala vuelven a la defensa titular. Sí, los mismos centrales con los que el Real Zaragoza descendió a Segunda. Y además, con Laguardia en el Mundial Sub 20, Ponzio se queda como única opción para el lateral derecho. Sí, tendrá que jugar en esa posición donde no rindió en Primera División años atrás, y que acabó con su vuelta a Argentina. Leo fue una de las claves del ascenso jugando en el centro del campo y la ausencia de futbolistas le condena a volver al lateral. Injusto para él y peligroso para el equipo, no por lo que pierde en defensa, porque Ponzio siempre cumple, sino por lo que deja de ganar en el medio centro.

El Real Zaragoza está cogido con alfileres. No tiene cubiertas todas las posiciones y en Primera División, las debilidades se pagan. Después de una pretemporada plagada de ilusiones y de buenas intenciones, el club aragonés se ha conformado con opciones que fracasaron en el pasado, y que le condenaron al descenso de categoría. Algunos de los jugadores llamados a ser suplentes en un equipo de garantías para competir en primera División, como Ayala, Laguardia, Gabi, Arizmendi o Ewerthon, son, ahora mismo, imprescindibles. Será difícil, en consecuencia, que no vuelvan a repetirse viejos defectos, antiguas carencias que el Real Zaragoza ha sido incapaz de superar.

martes, 1 de septiembre de 2009

Ajo y agua

Se acabó, no queda otra. Llegó la media noche, sonaron las 12 campanadas y la carroza se convirtió en calabaza. El entrenador del Real Zaragoza, Marcelino, lo había dejado muy claro días atrás. “El 31 de agosto tiene que haber, al menos, un central, un lateral y un delantero más”. Pues nada de nada. Los fichajes que faltaban por llegar no eran simples retoques para completar un equipo ya formado, sino incorporaciones necesarias para completar y compensar la plantilla. Y lo que también es preocupante, cuatro jugadores descartados, que el entrenador apartó en pretemporada, se han quedado en el equipo. “No quieren jugar al fútbol”, dice contrariado Marcelino, al que se le ve la decepción en los ojos. El vestuario se puede convertir en una caja de bombas.

El caso es que, quien más quien menos, esperaba algún fichaje de última hora que ilusionara a la sufrida afición zaragocista, pero las gestiones de la dirección del club han fracasado. Ya sea por los errores cometidos en las estrategias de negociación, o por las discrepancias entre la propia dirección y el entrenador a la hora de cerrar alguna incorporación durante el verano, el potencial de la plantilla del Real Zaragoza ha quedado muy limitado. Y a pesar de que los recursos del equipo aragonés no son inferiores a los del resto de plantillas que van a luchar por eludir el descenso, es comprensible la decepción que ha generado el último día de mercado.

La pretemporada que ya ha terminado ha dejado muy dañada la imagen del Real Zaragoza. Ha quedado de manifiesto que los futbolistas ya no contemplan al club aragonés como uno de sus destinos prioritarios, justo lo contrario que ocurría hace pocos años. Las conocidas dificultades económicas, unidas a algunos episodios dantescos que hemos vivido durante el verano, como los fichajes frustrados de Negredo y Canella, la incorporación nocturna del futbolista/traductor Babic, la marcha de Obradavoic a jugar con su ex equipo después de ser presentado con el Real Zaragoza, o el conflicto con el Deportivo por la recompra de Lafita, han desgastado sobremanera la imagen institucional del club. Eso, por no echar la vista más atrás y recordar el ridículo que supuso la sentencia desfavorable en el ‘caso Matuzalem’, o la venta de Diego Milito por cuatro duros al Genoa. Son algunos de los acontecimientos que han ensuciado el prestigio del Real Zaragoza, tanto dentro como fuera de nuestro país, y que debe llevar a los dirigentes del club a realizar una profunda reflexión.