martes, 3 de mayo de 2011

Y por fin llegó el momento

Zaragocistas, prepárense para el partido más importante de la historia reciente del equipo aragonés. No utilizaré el tedioso y desgastado tópico periodístico de que el partido del próximo domingo es una final, ya que por desgracia, el Real Zaragoza no juega una desde 2006. El choque contra Osasuna será otra cosa, probablemente, más importante, si cabe, que un título. Será poner el punto final al agónico sufrimiento que ha acompañado a los aficionados durante toda la temporada. Una cita que marcará el futuro del Real Zaragoza, como equipo, como club de fútbol y como institución. Casi nada.

Y para haber podido llegar hasta aquí, es de justicia mirar hacia atrás y atribuir los méritos a las personas que se lo merecen. Porque cuando terminaba el año, ni siquiera las cuentas del más optimista contemplaban que el equipo se encontrar en esta situación, e incluso con que pudieran sobrar jornadas para lograr la permanencia. Desde que llegó Javier Aguirre, el Real Zaragoza sufrió una metamorfosis asombrosa. Jugadores que parecían incapacitados para competir en Primera División, se han unido para formar un bloque solvente, fiable en casa y que, de forma progresiva, ha ido mejorando fuera de La Romareda. Tras jugar varios partidos a un buen nivel ante rivales superiores, el premio lejos de casa llegó en el mejor escenario posible, en el Santiago Bernabeu. El fútbol y el Real Zaragoza nos recordaban, con una victoria histórica, por qué amamos este deporte y a este equipo. Y ya hacía falta. El compromiso de los jugadores y del entrenador, su profesionalidad y su capacidad para trabajar unidos en busca del objetivo común, han conseguido reducir al mínimo las grandes carencias del equipo, de sobra conocidas, y potenciar sus limitadas virtudes, encontrando la fortaleza en un bloque muy difícil de batir. Y todo esto, no lo olvidemos, condicionado por la terrible incertidumbre económica y deportiva que arrastra el club. Tiene un mérito extraordinario.

Es el momento de levantar la cabeza, llenar La Romareda, sumar los 3 puntos entre todos, y permitirnos soñar con un futuro mejor. Porque ahora sí es posible, a pesar de que todavía tienen que suceder muchas cosas. Avanzar sin olvidar, para que no se repitan los grandes errores del pasado. Y de la misma forma, estar preparados para un periodo de inevitable austeridad, pero mirando hacia adelante con optimismo y determinación, que es como conviene afrontar los retos más difíciles para que, al final, se acaben haciendo realidad. Podemos razonar que si el Real Zaragoza es capaz de sacar adelante con éxito esta temporada, la más difícil que se recuerda en los últimos tiempos por todo lo que ha ocurrido tanto fuera como dentro de los terrenos de juego, ¿qué no será capaz de superar esa fuerza viva a la que llamamos zaragocismo? Lo que no mata, hace más fuerte. Y gracias a los jugadores y a Javier Aguirre, la fortaleza de este equipo está fuera de toda duda. Es el momento de acabar con esta pesadilla. Y seguro que la temporada que viene será otra historia de Primera.

miércoles, 13 de abril de 2011

¿Fair play?

Después del esperpéntico final de partido entre el Real Zaragoza y el Getafe, que acabó con la victoria del equipo aragonés y con la ya conocida y sancionada "lluvia" de balones al final del encuentro, hemos presenciado cómo algunos férreos defensores del "juego limpio" se han apropiado de la bandera blanca de la pulcritud en el fútbol, y se han permitido dar lecciones de lo que es aceptable y lo que no lo es, dentro de un campo de juego. Para que nadie piense que aquí se trata de justificar lo que ocurrió en el estadio de La Romareda, dejaré claro desde el principio, que me pareció un comportamiento impropio de lo que debería ser el fútbol del más alto nivel, y me gustaría no volver a ver algo así en ningún campo de Primera División.

Y dicho esto, para calmar a los paladines de la limpieza deportiva, deberíamos hacer un ejercicio sincero de reflexión sobre lo que es, en la práctica, el "juego limpio", ese espectro intangible y difuso, a lo que llamamos "fair play", que queda mucho más guay. Las cosas que consentimos y las que no, y por qué motivo. Qué es picardía y qué es éticamente censurable e intolerable. Como primera contradicción, podríamos pensar que la Liga es una competición en la que todos hemos aceptado como normales las primas a terceros, que consiste en que uno o varios clubes negocien en secreto con otros equipos para que ganen sus partidos a cambio de dinero, echando por tierra los valores fundamentales del Deporte y del "juego limpio". Temporada tras temporada, escuchamos a los futbolistas asegurar, en cuanto a las primas, que siempre que sean por ganar, "bienvenidas sean", a pesar de que son ilegales. Y lo aceptamos. Y lo aceptan, mirando hacia otro lado, la Liga de Fútbol Profesional y la Federación Española de Fútbol. ¿No es esto mucho más grave que lanzar balones a destiempo, por ejemplo? Y no es cuestión de comparar, porque las dos cosas son inaceptables, pero sí sería interesante que todo el que se indigna con determinadas acciones antideportivas, y deja pasar, sin levantar la voz, otras cosas igual o más censurables, expliquen por qué lo hacen.

Porque si nos ponemos serios de verdad, pues oiga, que la Liga de Fútbol Profesional se dedique a visionar todos los partidos, jornada tras jornada, y a sancionar cada una de las acciones que contradigan el "juego limpio". Pero todas, eh? No sólo las que aparezcan en las portadas de los periódicos deportivos de mayor difusión.

Sancionemos al club que lanza balones al terreno de juego, claro. Pero también al jugador que finge una lesión cuando su equipo va ganando para perder tiempo; al que se tira dentro del área buscando perjudicar a su rival y engañar al árbitro; al futbolista que marca un gol mientras otro jugador está lesionado sobre el césped; al que tarda más de la cuenta en abandonar el campo cuando es sustituido; o al que hace gestos de desprecio y provocación hacia al público. Y vayamos más lejos. Sancionemos de forma ejemplar a los futbolistas de la selección de Alemania, que vieron claramente como el inglés Lampard les marcaba un golazo en el pasado Mundial que no fue concedido. Si somos honestos y defendemos el "juego limpio", deberíamos exigir a los jugadores alemanes que hablen inmediatamente con el árbitro y le pidan que de por válido el gol a su rival. Suena ridículo, claro. Entonces, ¿dónde está la línea que separa la picardía tolerable y la trampa indecente? Que nos lo aclaren los de la bandera del "fair play", porque las normas éticas y morales tienen que ser iguales para todos.

Cualquier jugador, entrenador o profesional del fútbol maneja un repertorio de cientos de formas de tratar de desequilibrar al rival con artes que van más allá del rectángulo de juego. El fútbol siempre ha sido así, e imagínense las cosas que pasaban cuando no había televisiones en todos los campos. ¿Así es como debería ser? Desde luego que no, pero lo aceptamos porque asumimos con resignación que el fútbol ha trascendido su condición de Deporte, para convertirse en una industria cruel e implacable donde hay tantas cosas en juego (no sólo el resultado de un partido), que los propios actores del fútbol llevan su reglamento al extremo para tratar de salir beneficiados. En la selva, o comes, o te comen. Se trata de sobrevivir, mientras la justicia deportiva siga brillando por su ausencia.

Y comprendo perfectamente a todos que se han escandalizado con los baloncitos de las narices que se lanzaron en La Romareda. Ahora, espero que sean coherentes, y escucharles también la próxima jornada, cuando un jugador simule un penalti o un entrenador salga de su área técnica para presionar al árbitro y tratar de condicionar sus decisiones, por ejemplo. Porque eso tampoco se puede hacer, y eso, también es juego sucio. Menos vistoso, y más habitual que el lanzamiento de balones, pero igual de antideportivo, o no? Prácticas que ya hemos incorporado a nuestro fútbol, pero que en esencia, no son menos sucias que las demás. Desde aquí, todo mi apoyo a los defensores del "fair play" y a todas las personas que trabajan dentro del fútbol para tratar de que sea un deporte más honesto y justo, pero todo mi rechazo a los hipócritas selectivos, que deciden qué trampas son aceptables, y cuáles no, dependiendo de factores subjetivos y de dudosa credibilidad. En este sentido, o somos ejemplares en todo, o en realidad, no estamos legitimados para dar ninguna lección de "juego limpio".

martes, 5 de abril de 2011

La hora de los valientes

La carrera por la salvación entra en sus últimos metros y el Real Zaragoza pelea por tomar una pequeña ventaja que le permita llegar a la "foto finish" por delante de sus rivales. Y es que, permanecer en Primera División es el paso inicial para poder soñar con un futuro mejor. No hay que infravalorar la esperanza, ya que, a pesar de que es un sentimiento que no está necesariamente ligado a la razón de los acontecimientos, permite a las personas seguir adelante y alimenta su afán por mejorar. En tiempos difíciles, hay que aguantar en pie y seguir avanzando, como el boxeador al borde del KO que todavía confía en un último hilo de energía para no caer a la lona. El Real Zaragoza se encuentra en un momento crítico, en una situación límite. Pero su ilusión por permanecer en Primera División tiene que ser el motor que le permita avanzar, de la mano de su gente, para lograr el objetivo.

El lunes llegará a La Romareda un rival gravemente herido. El Getafe de Míchel se desenvuelve mejor sobre los escenarios de teatro que sobre el barro de los combates a vida o muerte. Es un equipo creado para jugar bien al fútbol en la mitad de la clasificación, sin presión, sin tener que dar explicaciones. Pero la calidad sin fortaleza no sirve de nada, y el Getafe se ha convertido en un equipo débil que se está quedando atrás, y que no encuentra la forma de detener su caída. El Real Zaragoza debe aprovechar la confusión de su adversario, que se encuentra como pez fuera del agua, sin darse cuenta, todavía, del agujero en el que se ha metido. Porque el equipo aragonés sí que sabe lo que es jugar este tipo de partidos. Lo lleva haciendo desde que volvió a Primera División, jornada tras jornada. La presión y la ansiedad se han convertido en inseparables compañeros de viaje del zaragocismo, y precisamente por eso, el equipo de Javier Aguirre sabe gestionar mejor que su rival este tipo de situaciones.

Pero no será fácil, porque a pesar de que el Getafe se encuentra en una dinámica muy negativa, tiene más calidad y definición que el equipo aragonés, algo, que por otro lado, es un denominador común en la mayoría de los partidos esta temporada. De nuevo, el Real Zaragoza deberá pelear con un rival mejor armado y con más recursos a la hora de competir. Por eso, tendrá que explotar al máximo la fragilidad moral del Getafe, y salir a por el partido desde el primer minuto, sin conceder a su rival ni una sola oportunidad de despertar, de salir de su depresión. Y es que, la necesidad extrema de ganar y el atenazador miedo a perder pueden aniquilar a la calidad, y el partido puede decidirse por fuerza, entrega y lucha, argumentos fundamentales cuando la presión no deja ni respirar. En ese escenario tan rutinario para el Real Zaragoza, el equipo de Aguirre no puede fallar.

martes, 8 de marzo de 2011

La salvación está en casa

La Liga entra en su fase decisiva. Faltan once jornadas para que termine el campeonato y el Real Zaragoza ha conseguido mantenerse vivo en la pelea por la permanencia, algo que, a fuerza de ser sinceros, parecía casi imposible cuando empezó el año. Una vez pasado el mal trago del Camp Nou, esa "derrota honrosa" que para algunos, fue motivo de celebración (¡con lo que ha sido este club!), comienza la verdadera cuenta atrás. Al público de La Romareda le quedan cinco partidos de sufrimiento, y la dolorosa travesía por el desierto en la que se ha convertido esta temporada, habrá terminado. Lo importante, claro, es que el equipo asegure los puntos de casa para no morir en la orilla. Tras el Valencia, visitarán La Romareda el Getafe, el Almería, Osasuna y el Espanyol. Nadie debe ganar en Zaragoza. Es una condición imprescindible para que salgan las tan manidas cuentas de final de temporada, las del mal estudiante que quiere evitar el batacazo a última hora. Como siempre, el Real Zaragoza tendrá que luchar contra sus propias limitaciones, pero la última victoria ante el Athletic, remontada incluida, invita a creer que este equipo, si juega a pleno rendimiento, es capaz de labrar su permanencia en La Romareda.

Seguramente sea pedir demasiado a la afición, ya que la penosa gestión de Agapito Iglesias al frente del Real Zaragoza se ha llevado por delante, además de otras muchas cosas, la ilusión de buena parte de los seguidores zaragocistas, pero es el momento de estar con el equipo. Inevitablemente, la desesperación ha podido con las ganas de muchos aficionados que antes contribuían a llenar el estadio en los partidos importantes. El descontento y la resignación han enmohecido las butacas de La Romareda. Pero es necesario un último esfuerzo, ahora o nunca. La permanencia en Primera División puede y debe alimentar la necesidad de un Real Zaragoza más grande, y la urgencia de que vuelvan tiempos mejores. Hay que tener muy presente que sólo se avanza caminando. No hay otra forma.

Aunque tarde, como siempre, el Club ha dado un pequeño paso para animar a los aficionados a acudir al campo. La rebaja en las entradas para los abonados no es suficiente, ni debería tener un carácter excepcional. Es necesario crear una corriente común que implique a todo el zaragocismo, desde los jugadores, hasta el más descontento de los aficionados. Porque el Real Zaragoza, por encima de todo, es un sentimiento que pertenece a su gente, y que nadie, ni el máximo accionista Agapito Iglesias, puede extinguir. Es injusto, seguramente, pedir a los aficionados que tomen el mando de una situación que ellos no han generado, y después de todas las humillaciones que han sufrido en los últimos años. ¿A quién recurrir si no? El Club, como tal, no existe. Es un rostro en la sombra que nunca está, ni se le espera. El Real Zaragoza está en las manos de sus jugadores, de su entrenador y de su afición. Nadie más lo representa. Nadie. Y sólo ellos pueden salvar al equipo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Huir del conformismo

El Real Zaragoza se encuentra en el momento más difícil de la temporada. Después de cuatro partidos sin ganar y tras la mala imagen que ofreció en Gijón, donde logró un pobre empate a cero y apenas se acercó al área de su rival, la situación vuelve a ser límite. Con un balance de dos puntos de los últimos doce posibles (la mayoría, ante rivales directos por la permanencia) y en puestos de descenso, el Real Zaragoza afronta ahora la parte más dura del calendario. Un mes y medio en el que se enfrentará a cinco de los siete primeros clasificados (Athletic, Barcelona, Valencia, Sevilla y Villarreal). Una concatenación terrible de partidos que se interrumpirá con el desplazamiento a Mallorca y el partido en La Romareda ante el Getafe, seis puntos que no se podrán escapar, o el equipo aragonés correrá el riesgo de llegar desahuciado a mediados de abril.

Y lo más preocupante es que, después de que el Real Zaragoza perdiera una gran oportunidad de afrontar este tramo de la temporada fuera del descenso, el discurso de los jugadores y del entrenador es conformista y autocomplaciente. Dan por bueno el empate del Molinón, y apuntan, con una irritante tranquilidad, que el equipo se salvará si gana cinco partidos más. Como si la cosa fuera fácil. Vamos, que para lograr la permanencia, el Real Zaragoza tiene que ganar casi la mitad de los encuentros que quedan. Por cierto, el mismo número de victorias que ha logrado en todo lo que llevamos de temporada. Sin duda, es una situación extremadamente preocupante que merece un nivel más alto de autocritica. Que nadie se engañe. Ahora mismo, el Real Zaragoza está en la cuerda floja. Un paso en falso más, y su caída a Segunda División puede ser inevitable. Las palmaditas en la espalda, a estas alturas de la temporada y tal y como se encuentra el equipo, son más bien empujones hacia abajo, que alimentan el conformismo y la resignación.

El miércoles, tendremos por delante una fría noche de fútbol en La Romareda. El mínimo margen de seguridad que supondrían los tres puntos para el Real Zaragoza, pueden ser la diferencia entre respirar o quedarse sin aire. Hay que ser realistas, y la lógica dice que antes de visitar el Camp Nou, el Real Zaragoza necesita ganar al Athletic. No sirve de nada otro resultado. Y la historia se repite. El equipo de Aguirre afronta el choque con menos argumentos que su rival, y con la exigencia de salir victorioso. Pistolas de agua contra cañones, o lo que es lo mismo, el segundo equipo menos goleador de la Liga, contra el Athletic de Fernando Llorente, uno de los mejores delanteros de Europa. Y habrá más diferencias. El Real Zaragoza se medirá a un centro del campo veloz y con mucha calidad, dos cualidades que, en el conjunto aragonés, brillan por su ausencia. Pero este es el mismo equipo que sumó 10 puntos en enero y que dejó boquiabiertos a los más incrédulos. Son las contradicciones del fútbol, la magia que envuelve a este deporte y que a veces, es capaz de aniquilar a la propia razón. Magia, precisamente, es lo que necesita el Real Zaragoza.

martes, 15 de febrero de 2011

Ni un instante de relajación

El Real Zaragoza acabó en Alicante con su buena racha de resultados, esa que le llevó a sumar diez puntos en cuatro partidos consecutivos, y que le sacó de la zona de descenso. El equipo sufrió un duro golpe y vio como en apenas diez minutos, se le escaparon tres puntos que habrían supuesto un paso enorme en el tortuoso camino hacia la permanencia. Pero en los momentos de dificultad es cuando más se aprende. La intensidad y la concentración del Real Zaragoza fueron disminuyendo según el partido se acercaba a su final, y quedó demostrado que en el momento en el que este equipo deja de competir al cien por cien, pierde. Porque las carencias de la plantilla y las dificultades para competir en igualdad de condiciones con los rivales van a estar siempre allí, hasta los últimos partidos de la temporada.

El rendimiento de los futbolistas está siendo extraordinario en las últimas semanas. Hay que tener en cuenta que, seguramente, el Real Zaragoza ha obtenido unos resultados que están por encima de sus posibilidades reales, lo que es mérito, sin duda, de los jugadores y del entrenador. Pero no perdamos de vista que, a la espera de lo que aporten los dos fichajes de invierno, el equipo sigue siendo el mismo que se ha pasado casi toda la primera vuelta en la zona de descenso. Siendo realistas y justos, no es razonable esperar que Real Zaragoza no cometa ningún error, ni mucho menos, que gane todos los partidos. Eso es imposible, por la propia naturaleza del equipo. Por sus carencias, que intenta compensar con entrega, orden y sacrificio. Ahora, el Real Zaragoza compite bien, con opciones de ganar los partidos que juega. Pero los problemas no han desaparecido. Los despistes defensivos y la falta de gol seguirán condicionando los partidos, es inevitable. En Alicante, bastó que el equipo bajara mínimamente su nivel de intensidad, para que dos detalles de Farinós y Trezeguet liquidaran el partido.

¿Se imaginan dónde estaría este Real Zaragoza si alguno de sus delanteros hubiera marcado, a estas alturas, entre siete y diez goles, como la mayoría de sus rivales directos por la permanencia (el propio Trezeguet (10), Caicedo del Levante (9), Diego Castro del Sporting (8), Rondón del Málaga (7), o Ulloa del Almería (7)? Mejor no lo hagan, porque eso no va a ocurrir. Agapito Iglesias y los ¿responsables? técnicos decidieron apostar por jugadores "cuyo perfil encaja en el Real Zaragoza", como aseguró el Director Deportivo, Antonio Prieto, en la presentación de Sianama Pongolle. Decisiones que se pagan caras, y que ponen más cuesta arriba el camino de la salvación para el equipo aragonés. No bajemos los brazos, sigamos alerta. No se ha hecho nada todavía.

martes, 1 de febrero de 2011

Seguir luchando

Los buenos resultados deportivos, fruto del comportamiento ejemplar de los jugadores, cuya profesionalidad e implicación han estado muy por encima del trato que reciben por parte del Club, llevaron la tranquilidad a un mes de enero que, por todo lo demás, ha sido desastroso. En los últimos días, Agapito Iglesias ha vendido a Ander Herrera, ha sido incapaz de fichar a un delantero para cubrir la necesidad más urgente del equipo, y la situación económica ha tocado fondo, parece, con el incumplimiento reiterado del pago a los futbolistas.

Posiblemente, la venta de Ander Herrera es aceptable desde el punto de vista económico. Al Real Zaragoza llegarán siete millones y medio de euros (más un máximo de dos millones por objetivos), que tal y como está el mercado del fútbol en estos momentos, puede considerarse un buen negocio. El problema es que, con esta operación, queda retratada la filosofía nociva y autodestructiva de Agapito Iglesias. Este ingreso no servirá para invertir en el crecimiento del Real Zaragoza, ni para fortalecer al equipo con apuestas de futuro que puedan resultar rentables para el Club, y que formen parte de una estrategia deportiva y económica sostenible. Nada de eso. Con ese dinero, el máximo accionista pondrá un parche que se despegará a los pocos meses. Sí, ahora podrá saldar parte de la deuda con los jugadores, pero cuando acabe la Liga, la situación económica será la misma, e incluso peor, porque se habrá acumulado más deuda todavía.

Y de nuevo, los futbolistas tendrán que cobrar (tanto los que están, como los que se fueron) y habrá que reforzar al equipo de cara a la próxima temporada. El agujero negro será mayor, y el margen de solución, más pequeño todavía. Porque, tras el traspaso de Ander, ¿qué le queda por vender a Agapito Iglesias? El Real Zaragoza es un solar. Dentro de pocos meses, y si nada ni nadie lo remedia, el Club seguirá hundido en la pobreza más absoluta, veremos si en Primera o en Segunda División, y con una diferencia sustancial. Ander Herrera, el mejor futbolista del equipo y uno de los símbolos del Real Zaragoza, estará defendiendo otra camiseta. Y crecerá, no lo duden. Se convertirá en uno de los jugadores importantes de la Liga. Y su venta sólo habrá servido para mantener viva la disparatada gestión de Agapito Iglesias durante unos pocos meses más.

Otro error que puede condicionar la permanencia del Real Zaragoza en Primera División es la incapacidad del Club para fichar a un delantero. Ahora mismo, después de tres victorias consecutivas, el Real Zaragoza se encuentra en una situación cómoda. Pero las carencias de esta plantilla, más allá de la extraordinaria implicación de los futbolistas, son muy grandes. Y volverán los malos resultados, y tocará luchar de nuevo, contra todas las adversidades. Un refuerzo para el ataque, la línea más débil del equipo, era la gran prioridad para este mercado de invierno. La ineficacia de Agapito Iglesias vuelve a suponer un palo entre las ruedas del equipo y su entrenador. Sólo podemos confiar en los jugadores.

martes, 11 de enero de 2011

Hoy es el futuro

Durante este mes de enero, el Real Zaragoza se está jugando su futuro como equipo, como club de fútbol y como Institución. No sólo sobre el césped, donde una plantilla incapacitada para competir con garantías en Primera División hace lo que puede para no hundirse todavía más. Sino sobre todo, en los despachos. Es allí, entre las paredes de las altas esferas del fútbol, donde Agapito Iglesias y sus “satélites”, como diría Andoni Cedrún, son los únicos autorizados para arreglar su propio desaguisado y cambiar esta penosa situación. Y sería todo un milagro, porque la estrategia consiste, por segundo año consecutivo, en renovar la plantilla a mitad de temporada, y hacerlo, además, sin margen de error, para que los nuevos jugadores que lleguen al Real Zaragoza eleven tanto el nivel del equipo, como para sumar el doble de puntos en la segunda vuelta y evitar el descenso. Una revolución camicace que Agapito Iglesias ha convertido en norma habitual, una irresponsabilidad más dentro de su delirante gestión al frente del club aragonés.

Llegados a esta situación, con dos victorias en 18 partidos y sin capacidad de mejora, como se ha demostrado a lo largo de la primera vuelta, relevo de entrenador incluido, sólo queda una opción. El volantazo suicida de cambiar el equipo de arriba abajo a estas alturas. Sin estrategia, previsión, ni planificación deportiva ni económica alguna. A impulsos. Pan para hoy, hambre para mañana. La estrategia de Agapito Iglesias se encuentra anclada en un misterioso océano de nombres de futbolistas que van trascendiendo con cuentagotas, y del que nadie sabe lo que puede salir, ni él mismo, me temo. El caso es que el barco no avanza y el agua entra por todas partes. Qué locura. ¿Se pueden hacer las cosas peor? Parece imposible que esto pueda a salir bien…

Pero el fútbol continúa, y mientras queden partidos y posibilidades de salvar al Real Zaragoza, los jugadores que están en la plantilla deben demostrar profesionalidad y trabajar hasta donde lleguen sus fuerzas, algo que no hicieron el domingo pasado ante el Espanyol, como llegó a reconocer algún jugador. Actitud, entrega, lucha, concentración, sacrificio o solidaridad, son los valores que debe potenciar este equipo, ya que por calidad, acierto goleador o seguridad defensiva, será imposible que gane sus partidos. Recursos, tal vez, insuficientes. Pero en esta Liga marcada por la mediocridad de la clase media-baja, pueden servir. Y es que, a pesar de la terrible situación del Real Zaragoza, el equipo tiene opciones de abandonar los puestos de descenso el próximo sábado, si gana al Levante, y si los resultados acompañan. Por eso, los jugadores tienen que salir a La Romareda a comerse el césped, desde el primer minuto, como si se tratara de una final. Más adelante, conoceremos el desenlace definitivo de las andanzas de Agapito Iglesias por el mercado de invierno (ay, madre…), e incluso llegará una nueva oportunidad de salir del pozo, en casa, contra el Deportivo. Pero el partido contra el Levante puede marcar el futuro del equipo en Primera División, y los jugadores no pueden repetir la lamentable actuación que ofrecieron en Cornellá. El futbolista que decida bajar los brazos no puede tener sitio en el Real Zaragoza, ante un desafío de semejantes proporciones.

martes, 28 de diciembre de 2010

El Zaragoza, ante su mes clave

Comienza la cuesta de enero más empinada que nunca para el Real Zaragoza. El equipo aragonés, colista de Primera División con diez puntos en dieciséis jornadas, afronta el reto de lograr la permanencia en la segunda parte del campeonato, con más dificultades, si cabe, que el año pasado. De ahora en adelante, el Real Zaragoza estará obligado a sumar, al menos, diez victorias, o su equivalente en puntos. Un desafío desorbitado, teniendo en cuenta el escaso potencial que el equipo ha demostrado hasta el momento.

El conjunto aragonés recibirá el lunes a la Real Sociedad, un recién ascendido que, en principio, debería ser un rival directo por la permanencia, pero que el buen rendimiento que está ofreciendo su plantilla, compensada y con mucha calidad en alguno de sus jugadores, le mantiene mucho más cerca de los puestos europeos que de los de descenso. Es cierto que la Real baja sus prestaciones fuera de casa (ha ganado dos partidos y ha perdido cinco), pero aún así, es un rival complicado que sabe explotar muy bien sus recursos. Tiene gol y es capaz de desbordar en el centro del campo por calidad, precisamente, dos de las grandes carencias del Real Zaragoza. Diferencias entre el último clasificado de la Liga y un equipo vivo, ilusionado, con opciones de hacer una temporada notable en su regreso a la máxima categoría.

Y una vez superado este partido, en el que el Real Zaragoza debería dar el primer paso para resucitar con el año nuevo, llegará la visita a Cornellá. El Espanyol lo ha ganado todo en su campo, excepto el partido ante el Barcelona. Será un preámbulo de una dificultad extrema, antes de afrontar los tres partidos que, seguro, determinarán el futuro del equipo aragonés en Primera División. Las visitas consecutivas del Levante y del Deportivo, y el viaje a Málaga que cerrará el mes de enero, pueden causar que el Real Zaragoza abandone la zona de descenso, o que se hunda de forma casi definitiva, si no da la talla. Enfrentamientos directos en los que el perdedor, se convertirá en el máximo candidato a descender a Segunda División. La situación es extrema, y como tal, obliga al Real Zaragoza a ganar al Levante, al Deportivo y al Málaga (que con sus últimos fichajes, será un equipo más potente que el que goleó en La Romareda). Puntar ante la Real y una previsible derrota contra el Espanyol cerraría el mes de enero con un saldo de 10 puntos, lo que supondría igualar en cinco jornadas, lo que el equipo ha logrado en todo lo que llevamos de temporada. Cuentas, posiblemente, muy ambiciosas, pero necesarias para mantener la esperanza de un Real Zaragoza en Primera División. Es lo que hay.

martes, 23 de noviembre de 2010

La cruda realidad

Después de la llegada de Javier Aguirre al banquillo, los sufridores zaragocistas entraron en un estado de relativo optimismo, en un efecto placebo, que a algunos, les llevó a soñar con una mejora inmediata del equipo. Con un entrenador experimentado, con carácter, con las ideas claras y avalado por sus éxitos en el pasado, que pudiera sacar al Real Zaragoza de la miseria en sólo unos días. Y eso es imposible. No es que Javier Aguirre no esté capacitado para lograr la permanencia con el Real Zaragoza, ni mucho menos, pero está claro que va a necesitar mucho tiempo de trabajo y darle más de una vuelta al equipo titular que trajo en la cabeza desde el primer día, porque como él mismo pudo comprobar en Getafe, hay pocas opciones de sobrevivir en la guerra, si luchas con pistolas de agua.

En el Coliseo Alfonso Pérez, más de lo mismo. El Real Zaragoza volvió a ser un equipo inseguro en defensa, inofensivo en ataque y lento hasta la saciedad en todos sus movimientos. Sólo Bertolo, indiscutible en este equipo, fue capaz de dar verticalidad al juego cansino y falto de ritmo del Real Zaragoza. Realidad, sólo hay una. Y ésta dice que el equipo aragonés ha pasado diez jornadas en la zona de descenso, algo que no ocurría desde hacía más de treinta años. El cambio en el banquillo era necesario y el perfil de Aguirre es, seguramente, adecuado para tomar las riendas. Pero el equipo debe ganar tres partidos en lo que queda de primera vuelta para mantenerse vivo. Y claro, con el nuevo año, deben llegar refuerzos. Lo ideal, uno por línea. Lo imprescindible, un delantero que sepa marcar goles, obvio.

Y así las cosas, el próximo sábado visitará La Romareda el líder de "la otra Liga". Esa en la que no están ni el Real Madrid ni el Barcelona, pendientes de sus ombligos en otra dimensión. Tras ellos, el Villarreal es el equipo que mejor juega con la pelota y el que más goles marca. Una defensa sólida, un centro del campo de fútbol total y un ataque de ensueño. El talento de Cazorla, Cani, Borja, Senna, Rossi o Nilmar, junto al equilibrio que aportan Bruno, Marchena o Gonzalo (Capdevila, lesionado, no jugará en La Romareda). Un equipazo con mayúsculas que se muestra letal ante los errores del adversario y que no ofrece facilidades en defensa. Afortunadamente, en "la otra Liga", la de este planeta, la de los futbolistas de carne y hueso, no hay equipos invencibles. El Villarreal pierde fuerza lejos del Madrigal -no ha ganado en sus tres últimos desplazamientos en la Liga- y la necesidad del Real Zaragoza debería ser un buen aliciente para intimidar a un rival, al que por calidad, será muy complicado superar.

lunes, 8 de noviembre de 2010

¡Viven!

Fue de penalti en el último segundo y después de una angustiosa remontada. Los corazones zaragocistas se aceleraron hasta explotar en un grito desgarrador que significaba el gol de la victoria, la primera de la temporada. Ante el Mallorca, el Real Zaragoza pudo dar el primer paso hacia la salvación. El camino será duro y peligroso, pero el equipo aragonés salió victorioso de un combate a vida muerte, que debe impulsarle a conseguir su objetivo. El futuro del Real Zaragoza depende de su permanencia en Primera División, y en las últimas dos jornadas, los futbolistas se han entregado al máximo para convencer a su afición, y a ellos mismos, de que son capaces de lograrlo, a pesar de todas las dificultades.

No cometeremos el error de pensar que, desde ahora, el camino de la salvación será fácil. Las carencias de la plantilla son muy grandes, y por supuesto, los partidos seguirán condicionados por la enorme falta de gol del equipo o la escasa de velocidad de sus centrales. Pero sin duda, el sistema que ha puesto en práctica el entrenador en los últimos partidos, ha potenciado los valores del equipo. La línea de cinco defensas disimula las carencias de los zagueros. Las aportaciones de Jorge López y Lafita están siendo notabilísimas con la nueva distribución. José Aurelio Gay todavía tiene que afinar varias cosas –a pesar de defender con cinco jugadores, el Real Zaragoza sigue recibiendo demasiados goles- pero de esta forma, el equipo compite, y por fin, gana.

El Real Zaragoza le quitó las telas de araña a sus aficionados con la primera victoria de la temporada, y el próximo domingo, volverá a salir a La Romareda con la obligación de sumar los tres puntos, sin importar la entidad del rival. El Sevilla tiene una plantilla muy superior a la del Real Zaragoza, como la mayoría de los equipos de Primera División. Pero en casa, en plena efervescencia y con el viento a favor, el conjunto aragonés puede lograr algo positivo. Los puestos de permanencia están a sólo dos puntos de distancia y la situación no le permite dar un paso atrás. Poco a poco, haciéndose fuerte en casa, el Real Zaragoza debe consolidar este nuevo equipo que ha renacido de sus cenizas y que con esfuerzo y sacrificio, se ha ganado el derecho a creer en sí mismo.

martes, 2 de noviembre de 2010

La hora de la verdad

Está claro que algo cambió sobre el césped de Mestalla. Si bien, la situación del Real Zaragoza sigue siendo extremadamente preocupante -es colista, con 4 puntos de 27 posibles, y es el único equipo de Primera División que todavía no ha ganado- por primera vez, ante el Valencia, el conjunto aragonés compitió, generó ocasiones de gol, anuló la capacidad ofensiva de su rival e hizo méritos para ganar el partido. La falta de puntería (una vez más) y la desastrosa actuación del árbitro impidieron al Real Zaragoza sumar tres puntos que necesitaba y que sigue necesitando, con más urgencia si cabe.

Pero todas esas buenas sensaciones deben estar acompañadas de resultados. Si no, el Real Zaragoza retrocederá sobre sus propios pasos y volverá a caerse al pozo, lo que supondría un golpe de terribles consecuencias, entre ellas, la condena definitiva del entrenador, José Aurelio Gay. Y el momento de demostrar que este equipo puede renacer de sus cenizas es ahora. La primera victoria no puede tardar más en llegar. Ahora o nunca, el Real Zaragoza debe demostrar que los motivos para creer en su remontada son reales y consistentes, no sólo un espejismo.

Con el nuevo sistema de cinco defensas, el Real Zaragoza se siente más cómodo. Se tapan las muchas carencias del equipo y resaltan sus pocas virtudes. No sólo defiende mejor, sino que además, maneja la pelota con más intención –dentro de la limitada calidad del centro del campo- y llega al ataque con más peligro. La falta de un delantero de referencia complica mucho el éxito del conjunto aragonés, pero al menos, ahora, existe algo a lo que el Real Zaragoza se puede agarrar para comenzar su escalada.

Uno de los jugadores más beneficiados por este nuevo sistema es Ángel Lafita. Cuando actúa como segundo punta, el juego del canterano del Real Zaragoza recupera sus sentido y la alegría. Su labor de enganche entre el centro del campo y el delantero fue excepcional en Mestalla. El siguiente paso es dar continuidad a este rendimiento y adquirir responsabilidad goleadora. Un duro camino para Lafita, que si logra recorrerlo con éxito, puede convertirse en uno de los pilares fundamentales del equipo.

martes, 19 de octubre de 2010

Tres tristes puntos

El Real Zaragoza tiene un pie en Segunda División. Sin paños calientes, para que no haya dudas. Los siete primeros partidos de la temporada han sido suficientes para dejar en evidencia al equipo aragonés y para demostrar que la plantilla de jugadores que diseñaron Agapito Iglesias, Antonio Prieto y Pedro Herrera, no está capacitada para competir en Primera División. Siete jornadas sin ganar, 3 puntos de 21 posibles, y lo que es peor, el Real Zaragoza ofrece una imagen de equipo vencido, hundido, sin recursos, ni capacidad de mejora. Durante los partidos, este Real Zaragoza sólo puede aspirar a mantener el empate a cero durante el mayor número de minutos posible -normalmente, no supera el primer cuarto de hora sin recibir ningún gol-, y esperar algún acierto de cara a la portería contraria, que sólo llega cuando el encuentro está sentenciado, y el rival, casi camino de las duchas. Eso no es competir, es arrastrarse por los campos de fútbol y hacer el ridículo, semana tras semana. La sensación de inferioridad del Real Zaragoza es atroz.

Y la próxima jornada llega el F. C. Barcelona. Un equipo que parece de otro planeta, aunque más irregular que en épocas anteriores. Dominador absoluto de la pelota, pero en ocasiones, se atasca a la hora de encontrar el camino del gol, cuando se enfrenta a una defensa sobresaturada, intensa y bien colocada, lo que ya le ha costado algún punto en este arranque liguero. Pero sin duda, es un equipo que puede destrozar a su rival en apenas unos minutos. Las opciones del Real Zaragoza de lograr algo positivo pasarán por repetir, con precisión matemática, lo que han sido capaces de lograr otros equipos esta campaña, como el Mallorca o el Hércules. Defender juntos, máxima concentración, solidaridad en el trabajo y no cometer errores. Tratar de agotar la paciencia del Barcelona y provocar algún contraataque peligroso. Está por ver que el Real Zaragoza sea capaz de jugar durante 90 minutos con el alto nivel competitivo que exige el Barcelona. Lo que está claro, es que si el equipo aragonés no cambia su versión, puede salir goleado de La Romareda, lo que en el fondo, y lamentablemente, no sería más que un doloroso episodio más en esta tediosa travesía en el desierto, en la que se ha convertido la Liga. La situación del club aragonés es tan desoladora que sólo un milagro puede cambiarla. Un milagro, como que el próximo sábado, el Real Zaragoza sea capaz de puntuar contra el actual campeón de Liga y uno de los mejores equipos de la historia moderna del fútbol, el Barcelona. ¿Usted cree en los milagros?

martes, 28 de septiembre de 2010

¿Se puede ganar sin delanteros?

Una vez disputadas las primeras jornadas de Liga, cunde el desánimo en el entorno del Real Zaragoza y en el propio equipo, aunque se intente disimular. Y no es para menos. A pesar de que el campeonato sólo acaba de comenzar, todas las señales apuntan a Segunda División. Y lo más preocupante no es que el Real Zaragoza todavía no haya ganado ningún partido, ni que sólo haya conseguido batir la portería rival en un encuentro, cuando perdía por 0-5, por cierto. Lo más grave es que, jornada tras jornada, observamos como los futbolistas dan todo lo que tienen sobre el césped y nunca es suficiente. No hay más. La capacidad de mejora del equipo es mínima, porque el problema del Real Zaragoza no es el bajo rendimiento de sus jugadores, sino la falta de potencial de una plantilla que no está capacitada, hoy por hoy, para competir en Primera División. El único recurso del equipo durante los partidos es tratar de aguantar el empate a cero durante el mayor número de minutos posible y confiar en que sus delanteros, los más ineficaces de la Liga, sí que acierten esta vez.

Aún así, haríamos mal en culpar a Marco Pérez o a Sinama Pongolle de la inoperancia del Real Zaragoza en ataque. Fueron los máximos responsables del club los que decidieron que estos futbolistas estaban capacitados para jugar en el Real Zaragoza, los que diseñaron de forma deficiente la plantilla, y los que han hipotecado, con sus torpes decisiones, el futuro deportivo y económico del Real Zaragoza. Al fin y al cabo, nadie puede poner en entredicho el esfuerzo de los futbolistas del equipo aragonés. No es un problema de falta de sacrificio físico ni de implicación, sino de aptitud. Lo que ocurre es que el Real Zaragoza posee un nivel que no está a la altura de la Liga española. Marco Pérez es un futbolista muy joven, inexperto, que se estrena en el fútbol europeo, y cuyo rol en una plantilla de Primera División bien planificada debería ser prácticamente intrascendente.

Una cosa es apostar por un jugador desconocido, que suponga un gasto mínimo para el club, para ir introduciéndolo, de forma gradual y responsable, en el fútbol de máximo nivel, y otra cosa es que la descerebrada planificación deportiva dé como resultado una plantilla tan limitada, que Marco Pérez acabe siendo el delantero titular del Real Zaragoza en el Vicente Calderón. Es de locos. Y en cuanto a Sinama Pongolle, sólo hace falta comprobar su nulo rendimiento durante las dos últimas temporadas, tanto en el Atlético de Madrid como en el Sporting de Portugal, algo que ya se sabía cuando el Director Deportivo, Antonio Prieto, cerró su contratación. Luego, no debería sorprendernos que el Real Zaragoza produzca risa -literalmente- cuando intenta finalizar una jugada de gol. El verdadero problema es la terrible gestión deportiva y económica del club, que han convertido al Real Zaragoza en un vagabundo de Primera División, incapaz de competir con dignidad, ni en el terreno de juego, ni en el mercado.

martes, 7 de septiembre de 2010

La carrera ha comenzado

El estreno del Real Zaragoza en la Liga ha venido inevitablemente marcado por el descontento general que ha causado en los aficionados la mala gestión económica y deportiva del club, pero que afortunadamente, no ha liquidado, todavía, las ganas de la gente de luchar junto a su equipo. Porque a pesar de que en los últimos años, el Real Zaragoza se ha convertido en una institución menor en el panorama deportivo de nuestro país y en un equipo abocado a luchar permanente en el barro, la afición sabe diferenciar, a la hora de pedir responsabilidades, entre los que ven el partido sentados en el palco y los que sudan sobre el césped. Y allí, en el campo de batalla, sí que va a encontrar compromiso y trabajo. Una plantilla de jugadores corta y con muchas carencias, pero entregada, bien dirigida y que ha asumido perfectamente la idea del cuerpo técnico. Solidaridad, concentración y trabajo en equipo. Es la única forma de que este Real Zaragoza, escaso de talento pero sobrado de fuerza y disciplina, salga airoso de la cruel guerra por la permanencia. Y eso, gracias a los técnicos, encabezados por Gay y Nayim, que como recuperados de un pasado glorioso que ya huele a naftalina, han tomado las riendas del equipo para ayudarle a sobrevivir, a pesar de las muchas dificultades que se van a encontrar, por culpa, otra vez, de una planificación deportiva deficiente. Tras otro verano plagado de negociaciones fallidas, errores torpemente justificados e ilusiones rotas, la credibilidad y la imagen de los que toman las decisiones se desgastan, cada vez más y sin remedio.

Si usted se pregunta quién va a marcar los goles en el Real Zaragoza, o está preocupado por cómo rendirá la defensa cuando algún contratiempo saque del equipo a alguno de los cuatro zagueros titulares, e incluso siente cierta resignación porque no ve en la plantilla a ningún jugador capaz de crear ese fútbol de toque que tanto le gusta, tiene toda la razón. Porque la realidad es la que es, y ni las excusas ni las medias verdades pueden cambiarla. Pero aún así, amigo mío, sólo tiene dos opciones. O abandona el barco y se desentiende del fútbol y del Real Zaragoza (algo que su corazón no le va a permitir), o trata de hacer un ejercicio de optimismo y de auto convencimiento, aunque sólo sea para compensar la mala leche que se le pone cada vez que se gira al palco antes de los partidos. Mire al frente, al césped. Seguramente, en ese momento, el equipo estará calentando. Sonará la atronadora música procedente de la megafonía del estadio, notará el olor a hierba húmeda, mezclado con el humo del puro de su vecino de butaca. Es tarde de fútbol. Echará un vistazo a los jugadores rivales. "Pues tampoco son gran cosa", pensará en la mayoría de los casos. Y nosotros tenemos el talento de Ander, la chispa de Bertolo, el sacrificio de Gabi, la seguridad defensiva de Contini y Jarosik y sobre todo, unos técnicos capaces de instruir a su equipo para sobrevivir en la trinchera, y de luchar hasta el agotamiento para recuperar la dignidad de una camiseta que sienten como suya, porque lo es. Ellos, junto a la afición, verdadero y casi único patrimonio del Real Zaragoza, deben mirar hacia adelante, y enfrentarse a los errores de los que con su gestión, están desintegrando el espíritu del Real Zaragoza. Así de injusto, pero es el único camino. El de superar esta temporada, y la siguiente, y la de después... Una detrás de otra, siempre en Primera División, hasta que quizá, algún día, el tiempo le conceda al Real Zaragoza, a lo que antes era una institución grande, seria y respetada, la oportunidad de renacer de sus cenizas.

viernes, 16 de julio de 2010

¿Dónde estabas tú?

11 de julio de 2010. Nunca olvidaremos dónde vivimos la final del Mundial, ni con quién compartimos la alegría más grande de la historia del Deporte español, cuando Iker Casillas levantó la dorada Copa del Mundo al cielo de Johannesburgo. Quién fue el que más gritó con el gol de Iniesta, el que nos dio el primer abrazo, al que se le escaparon las lágrimas, o al que, con la cabeza entre las manos y los ojos como platos, no paraba de repetir, en voz baja, “somos campeones del Mundo”, en un ejercicio de auto convencimiento. A qué ser querido llamamos nada más terminar el partido, y quién nos envió el primer mensaje. Con los grandes éxitos, es inevitable mirar al pasado. Y con el recuerdo, llega la nostalgia. Y nos acordamos también de los que echamos de menos esa noche, de los que se fueron sin vivir un éxito tan bonito, tras décadas y décadas de sufrir con su equipo, con el equipo de todos. Y también de los amigos con los que compartimos decepciones años atrás. En mi caso, del puñado de compañeros de profesión que continúan trabajando en Madrid, y que muchos de ellos, me cuentan cómo tuvieron la suerte de vivir aquella mágica noche en Sudáfrica.

Siempre recordaremos esa sensación de caminar dos palmos por encima del suelo, flotando, como en los sueños. La inexplicable impresión de que los problemas desaparecen, de que las preocupaciones se esfuman. Sabíamos que mañana volverían, pero no importaba. Es un fenómeno irracional, inexplicable, pero es así. El ser humano es así. Y el fútbol, también. No hay nada, ninguna otra cosa en este mundo, cada vez más vacío, individualista y desarraigado, que pueda unir a tantas personas como lo hizo la selección española campeona del Mundo. Dejando a un lado a la minoría obsesionada por crispar al personal (tanto a los intransigentes de la bandera como a los que aprovechan los éxitos deportivos para ensalzar su nacionalismo rancio y trasnochado), millones y millones de personas salimos a la calle por la misma razón. Y esta vez, por un motivo feliz, de celebración.

La España campeona del Mundo no sólo pasará a la historia del fútbol por su victoria en la final ante Holanda, sino por su estilo, su esencia. Su carácter ganador, sólo concebido en el camino del juego ofensivo, de combinación, limpio, sincero. Capaz de levantarse una y otra vez, y de hacer frente, en la primera final de un Mundial de su historia, a un rival que encontró en la violencia la única forma de defenderse. Fútbol y sólo fútbol. Así ganamos la Copa del Mundo, y así lo contaremos año tras año, generación tras generación. La Brasil del 70, la ‘naranja mecánica’ de Cruyff, la Alemania de Beckembauer o la Argentina del 86, ya tienen a un nuevo compañero en la vitrina del mejor fútbol del mundo. Un éxito reconocido por todo el planeta y que nunca morirá.

También es el éxito de la humildad, del trabajo y de la discreción. De don Vicente del Bosque, entrenador. Nunca cedió a las presiones de los sabelotodos del fútbol, cuando la selección española perdió el primer partido del Mundial. Mantuvo su estilo de juego y la confianza en los jugadores directamente señalados como responsables de la derrota. Sus decisiones desde el banquillo, firmes y con la clarividencia que tienen los genios, llevaron a España a lograr el éxito más grande su historia. Y cuando eso ocurrió, don Vicente del Bosque no utilizó su triunfo para arrojárselo a los que no creyeron en él, o a los que pusieron en tela de juicio sus decisiones y sus aptitudes como técnico. Sin ningún resentimiento, sin cuentas que ajustar. Convirtió su éxito en la victoria de todos, sin excepción. Eso es carácter.

Los brazos al cielo de Iniesta, el cabezazo imperial de Puyol contra Alemania, los golazos del ‘Guaje’, la traición de Holanda a su propia historia, el sueño roto de Maradona, los misiles teledirigidos del charrúa Forlán, las lágrimas de Ghana, la muerte del “jogo bonito”, el gol fantasma de Inglaterra, el fracaso de Italia o la vergüenza de Francia. El Soccer City de Johannesburgo, Nelson Mandela, el ‘waka waka’ de Shakira, las ruidosas vuvuzelas, el beso de Casillas a su novia periodista en plena entrevista, o el hermano tarado de los balones de fútbol al que llamaron ‘Jabulani’. Son ya imágenes y símbolos del Mundial de 2010, de nuestro Mundial, del de la estrella dorada en el escudo de España. ¿Dónde estabas tú?

domingo, 27 de junio de 2010

Días de vuvuzelas

A pocos días de las vacaciones, noto como en la ciudad, se van quemando las ganas de hablar sobre el Real Zaragoza. Y no sólo porque la ausencia de movimientos del club aragonés en el mercado de fichajes haya convertido la actualidad informativa en un páramo, sino porque ahora, apetece disfrutar del fútbol. Fútbol y nada más. Bueno, con vuvuzelas, qué le vamos a hacer. Por unos días, evitamos pensar en el porterazo que se nos ha escapado rumbo a Portugal, en las renovaciones que no llegan, o en los precios de los abonos que no suben, pero que cuestan más que el año pasado, en plena crisis y con la que está cayendo. En los abucheos que recibió el máximo accionista, Agapito Iglesias, en el programa de radio más escuchado de nuestro país, justo antes de levantarle la voz a uno de los símbolos del zaragocismo, como es Andoni Cedrún, y de volver a dejar en evidencia la imagen del Real Zaragoza. Hoy, nos dan igual el “rojillo” Porquera o que Prieto pinte menos que La Veneno en un convento.

Desde ahora, y durante los próximos días, preferimos centrarnos en la selección española. Regodearnos en el “tiqui taca” que bautizó el maestro Montes y que Luis Aragonés convirtió en leyenda. Dentro de unos días, España puede continuar su camino hacia el sueño de la Copa del Mundo, o haber vuelto para casa. En cualquier caso, disfrutaremos de la pasión del fútbol, del placer de luchar por un objetivo grande, histórico, y de hacerlo con una apuesta por el fútbol ofensivo, con jugadores capaces de convertir en arte lo que tocan y que visten la camiseta de nuestro equipo. Esos futbolistas que nos hacen sentir orgullosos y que pusieron Europa a nuestros pies.

El Mundial de fútbol es lo más grande para los que disfrutamos con este deporte, y no sólo por las esperanzas que tenemos depositadas en nuestra selección. Empieza la parte más bonita del campeonato. La especulación y el fútbol mediocre de la fase de grupos dejarán paso a la emoción del todo o nada. La ilusión de dos países, frente a frente, durante noventa minutos. Por un buen rato, el fútbol se colocará por encima de las miserias que nos acechan cada día. Durante esos minutos, las personas se sienten libres y mandan sus preocupaciones a ese limbo en el que lo único que importa es controlar el indomable Jabulani, y donde se acumulan los motivos para disfrutar de este espectáculo que mueve y une a millones de personas. El “jogo boniten” de Alemania, el ímpetu de México, el orgullo charrúa, las locuras del Diego, la ilusión de los yanquis, las cuentas de Capello, la fuerza de Ghana, la alegría de Brasil, el tulipán mecánico, el “fuerza Chile", la explosión asiática, el batacazo azzurro, o la revolución francesa. En Zaragoza, las cosas pintan feas. Disfrutemos del fútbol, aunque sea por unos días.

viernes, 4 de junio de 2010

Prieto, el chaleco antibalas

El máximo accionista del Real Zaragoza, Agapito Iglesias, no sólo ratificaba a Antonio Prieto como director deportivo del club, sino que además, según el anuncio oficial, pasa a ser “el máximo responsable del área deportiva del Real Zaragoza”. De esta forma, Prieto se convierte en el chaleco antibalas de Agapito Iglesias. Será el que ejerza de portavoz y el que se lleve los mamporros si las cosas salen mal. Se acabó esa frase recurrente de “yo fiché a Fulanito y el otro trajo a Menganito”, que tanto hemos escuchado cuando la presencia de Poschner tenía al club partido por la mitad. Ahora, ya hay un responsable claro y único que tendrá que dar las explicaciones de las decisiones que tome el Real Zaragoza, y al que la afición de La Romareda se podrá dirigir si se repiten errores tan graves como la irresponsable planificación deportiva del verano pasado, que casi acaba con el equipo en Segunda División, y en la que ya participó (se supone) Antonio Prieto como secretario técnico adjunto.

Esta medida forma parte de la teórica distribución de tareas que Agapito Iglesias está llevando a cabo dentro del club, y que en la práctica, es más figurativa que real. En el escuálido organigrama directivo del Real Zaragoza, el máximo accionista y presidente toma todas las decisiones. Nadie se cree que el director deportivo, se llame como se llame, vaya a tener una independencia absoluta, y que su criterio en materia deportiva vaya a estar por encima del máximo accionista. Lógicamente, Prieto asesorará al presidente en las decisiones que afecten a la planificación deportiva, pero al final, tendrá que ejecutar lo que decida Agapito Iglesias, esté o no de acuerdo. La primera prueba de ello, es la renovación del cuerpo técnico. La decisión ha llegado después de unas intolerables semanas de incertidumbre, que han puesto a prueba la paciencia de Gay y de Nayim, dos de las personas que han escrito con sus manos alguno de los episodios más brillantes de la historia del Real Zaragoza, y que merecen un trato más respetuoso.

Así son las reglas del juego en este club. Antonio Prieto las ha aceptado, y ahora, será el que tendrá que responder ante la afición del Real Zaragoza y los medios de comunicación. De cara al exterior, será el responsable del éxito o del fracaso de la planificación deportiva para la próxima temporada, independientemente de cuál haya sido su participación directa en determinadas decisiones, y de su grado de acuerdo con Agapito Iglesias. Una figura de escudo antimisiles que tantos y tantos dueños de clubes de fútbol utilizan para reducir los impactos sobre su persona, y que en el Real Zaragoza, tendrá el nombre de Antonio Prieto. Siempre, y mientras Agapito Iglesias sea el máximo accionista del club, él será el primer y máximo responsable de todos los movimientos que realice la entidad, sean de la naturaleza que sean, o afecten al área que afecten, incluida la deportiva. Según se vaya desarrollando la temporada, es posible que la situación de Prieto no sea fácil ni cómoda. A lo largo del ejercicio, pueden surgir disputas en las oficinas del club, como ya ocurrió la pasada temporada. La única forma de suavizar estos posibles desacuerdos, es que las cosas funcionen. En fútbol, los buenos resultados son la mejor medicina preventiva. Ojalá, Agapito Iglesias acierte con los fichajes.

domingo, 30 de mayo de 2010

Agapito on tour 2010

Una vez explicada la estrategia económica que va a desarrollar el Real Zaragoza, con la que persigue el ambicioso objetivo de recortar 77 millones de deuda en 6 años y acabar con el derroche que ha supuesto su desorbitada política salarial, el presidente y máximo accionista, Agapito Iglesias, ha comenzado su particular gira por la mayoría de medios de comunicación para difundir su renovado mensaje. Un discurso cargado de optimismo y de buenas intenciones. De momento, palabras vacías del que ha perdido su credibilidad por deméritos propios. Un propósito de enmienda que no ilumina la oscura incertidumbre en la que se mueve el club.

Según explica, Agapito Iglesias fundamenta el proyecto deportivo en la base que se formó el pasado mes de diciembre y que logró la permanencia del Real Zaragoza. Pero la realidad es que, en estos momentos, esos cimientos no existen. De los siete refuerzos invernales, sólo siguen vinculados con el club los veteranos Jarosik y Edmilson, que a pesar de su buen rendimiento, poseen un perfil que contradice al de futbolista joven y con hambre que pretende Agapito Iglesias. Las continuidades de Contini, Colunga y Roberto son tan importantes como inseguras, en el momento actual.

En cuanto al portero, leo anonadado una afirmación de Agapito Iglesias en la entrevista de AS: “Roberto no jugaba en enero y no pasaba nada. Luego jugó, pero no digamos que fue la pieza clave…”. Pues deberíamos decirlo. La entrada de Roberto en el equipo no sólo supuso un cambio radical en la defensa, que dejó de recibir goles y comenzó a ganar partidos desde su propia portería, sino que evidentemente, fue uno de las grandes impulsores del renacimiento de un grupo de jugadores inerte que se arrastraba por la Liga. De sus guantes, salieron puntos muy valiosos, sin los cuales, el equipo aragonés no habría logrado la permanencia. Menospreciar la importancia de Roberto en ese equipo es injusto e irresponsable. Quizá, Agapito Iglesias intenta preparar el terreno para la marcha definitiva del guardameta. Sería algo tremendamente impopular y que generaría un mosqueo considerable en la afición, que no se cansó de aplaudir a su portero en La Romareda. Si con esa afirmación, el presidente pretende convencer a alguien de que Roberto no fue clave en la resurrección del Real Zaragoza, se quedará con las ganas. La memoria en el fútbol es corta, pero no tanto.

El nuevo proyecto del club pasa también por ingresar 8 millones de euros en traspasos. Además de Pennant, con cierto caché en Inglaterra (veremos qué equipo “muerde el anzuelo”), el resto de jugadores con posibilidades en el mercado son Ander Herrera, Obradovic y Lafita, futbolistas que deberían ser intransferibles en una planificación sólida. Lafita y Obradovic han atravesado una temporada con muchas dificultades, pero los dos tienen potencial para aumentar el nivel del equipo durante muchos años. El serbio, una vez superados sus problemas, ha demostrado que es un jugador de lujo para la banda izquierda, y que se puede convertir en un futbolista muy importante para el club, con grades opciones de revalorizarse. El caso de Ander Herrera es el más inquietante de todos. La perla de la cantera engloba los valores que, según el propio Agapito Iglesias, necesita el club. Es joven, ambicioso y está comprometido con su equipo y con su tierra. Pero sobre todo, es el futbolista con más talento de la plantilla, y todavía tiene mucho recorrido por delante. Un jugador capaz de abanderar un proyecto en el que la nueva política de austeridad económica no esté reñida con la calidad ni con el buen fútbol que ansía La Romareda. Un buen proyecto deportivo se consolida con buenos futbolistas. Tan difícil y tan sencillo.

jueves, 20 de mayo de 2010

Aprender de los errores

No hay tiempo para descansar. El Real Zaragoza ha finalizado la temporada y ha conseguido salvar los muebles, pero en el momento en el que terminó el partido contra el Villarreal, comenzaba el nuevo proyecto que debe sacar de la mediocridad al club aragonés y devolverle el orgullo de equipo ganador que le ha acompañado durante buena parte de su historia. Sabemos que es más difícil que nunca, porque la caja fuerte del club está llena… de telarañas. Pero el Real Zaragoza compite en las mismas ruinosas condiciones que la mayoría de equipos de Primera División. Y es precisamente en este panorama, donde más brillan los aciertos y peores repercusiones tienen los errores. Prueba de ello es la desastrosa planificación deportiva del pasado verano, que llevó al Real Zaragoza a la más absoluta de las humillaciones, y su posterior reacción, cuando el acierto en los refuerzos invernales sirvió para subsanar las carencias de la plantilla, al menos, para salvar la categoría. Si existe alguna posibilidad de que Agapito Iglesias reconduzca su deficiente gestión, pasa por que no cometa los mismos errores. Está por ver si eso es posible.

Ha acabado la Liga y la estampida de jugadores vuelve a dejar expuestas las necesidades del equipo. La portería ha quedado huérfana. La continuidad de Roberto es una de las grandes prioridades del club, pero el Atlético tiene la última palabra. En previsión de que el fichaje se frustre, el Real Zaragoza debe contemplar otra opción solvente y competitiva. En el último tramo de la temporada, el equipo ha comprobado que los partidos también se ganan desde la portería. El principal mérito post invernal del Real Zaragoza fue cortar la sangría de goles recibidos, que estaba a punto de mandarle Segunda División. Por lo tanto, el portero es clave. Y la defensa, claro. Con Diogo y Obradovic en los laterales, con Ponzio y Pulido (si se confirma su renovación) como defensas polivalentes, y Jarosik y Contini en el centro, los cimientos son aceptables. Falta, al menos, un central fiable para el relevo. O incluso que ocupe el lugar de Jarosik en el equipo titular, lo que supondría que el checo se adaptara a un razonable rol de suplente de garantías.

El centro del campo es la zona más débil del Real Zaragoza. Falta creación y profundidad por las bandas. A pesar de las buenas actuaciones de Gabi, Edmilson y Arizmendi, en el último tramo de la temporada, el equipo está obligado a incorporar efectivos si quiere aumentar su nivel competitivo. Necesita un salto de calidad que le permita disponer de unos recursos más amplios para sorprender a sus rivales. Intensidad y seguridad defensiva, sí, pero también construcción de fútbol y verticalidad en ataque.

En cuanto a la delantera, está claro que el Real Zaragoza necesita un jugador ofensivo de referencia. Es el perfil de futbolista más cotizado del mercado, el que requiere un mayor esfuerzo económico, que el club no puede afrontar en estos momentos. Por eso, parece razonable que el Real Zaragoza se haya lanzado a por la contratación de Clunga, un futbolista resolutivo, que ha marcado siete goles en media temporada, y que ya ha recibido el visto bueno de la afición. Veremos si el Recreativo acepta la oferta de tres millones del club aragonés. El delantero se ha revalorizado notablemente y la del Real Zaragoza, no es la única oferta que maneja el club andaluz.

En definitiva, en las próximas semanas, el Real Zaragoza tomará las decisiones que condicionarán, para bien o para mal, la temporada 2010-2011. El año pasado, las actuaciones de los máximos responsables del club, incluido el entrenador, condenaron al equipo al descenso. Así de claro. Afortunadamente, la huída hacia delante del mes de diciembre sirvió para enmendar una situación que parecía insuperable. Y por cierto, el primer paso es anunciar el entrenador. Da la impresión de que el club no tiene plena confianza en José Aurelio Gay. Si fuera así, habría confirmado su renovación en cuanto el equipo logró la permanencia matemática. Sin entrar a valorar la conveniencia o no de que Gay siga al frente del equipo (sus números sin incontestables), sería triste e injusto que acabara siendo el entrenador “por descarte”, por la imposibilidad de contratar a otro técnico que el club considere más apropiado, y no por que confíe en él para encabezar el nuevo proyecto.